Desde la distancia me estoy imaginando la despedida de Mari Lúz y su entrega a la tierra. Veo el cerrete del cementerio bajo una ligera cortina de agua. Dicen que el agua lo lava todo, pero no creo que en estos momentos pueda lavar la pena de sus familiares y amigos. Había alguién que decía que cuando desaparece algún ser querido, no sólo sentimos dolor por su pérdida, sino porque también se lleva con él todos los momentos que compartimos en común a lo largo de nuestra vida. Y es verdad, esos momentos ya no se pueden recuperar y un trozo de nosotros mismos se pierde para siempre.