El Domingo, día dos, y día de la madre, después de la consabida
comida familiar, dudábamos si irnos a Pegalajar a ver la ballena, o a dormir la
siesta, que no está mal, mi mama, dijo que le gustaría ir a ver a su primo Manuel, pues no se hable mas, no lo vamos a dejar.
Camino adelante las primeras olivas del
pueblo, “ desde este barranco son terrenos de mi pueblo” decía mi mama, en este
caserío hemos recogido nosotros
aceituna, de
noche y de día, y aún se reía.
Entramos al pueblo, por la parte
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