La Guardia se ha convertido en un
pueblo de gente que mira al suelo, gente que arrastra su mirada por el miedo a cruzarla con los que hasta hace poco eran , compañeros ,
amigos , vecinos, sienten verguenza y ese sentimiento de culpa de haber vendido su alma al diablo a cambio de uno de los regalos del maravilloso catalogo de prevendas del " Club del Ladrillo ".
Dentro de poco a ese sentimiento, le pueden añadir la sensacion de haber sido complices del mayor escandalo de la democracia en La Guardia.
... (ver texto completo)