HUESA: Ya empieza a despuntar los primeros claros del dia,...

Ya empieza a despuntar los primeros claros del dia, el Himno de la alegria de (Miguel Ríos)le canta al Alba. Final de Feria, Final del Verano.
Los feriantes desmontan apresuradamente sus atracciones de feria.Los familiares que en esos dias nos visitaron van saliendo del pueblo por carreteras opuestas.Ojos sonrojados, amargas despedidas.
El cansancio y aletargo del dia despús.En cada casa empiezan ya ha hacer los preparativos para ese largo viaje, preparativos para 40 dias de ausencia.
El nerviosismo se podia palpar a primeras horas de la mañana.Autobuses que salian, Autobuses que esperaban.
Jaén, una ciudad de provincias, con su encanto y desencanto.No era dificil reconocernos en medio de la multitud de una ciudad, un atuendo muy parecido al de los tres dias de feria.Era todo un dia de espera que te espera en la ciudad del Olivo, deambulamos por avenidas y parques, no buscábamos nada, con la mirada perdida en los escaparetes, el tiempo pasaba lento.En los andenes se apiñaban sacos muy bien atados y maletas con correas para más seguridad.Sentados sobre las maletas damos buena cuenta de las fiambreras de embutido, Un trozo de chorizo en una mano y en la otra un trozo de pan, conversaciones con personas desconocidas, conversaciones con vecinos del mismo pueblo.Se acercaba la hora, pues ya eran la cinco de la tarde.Un viejo y largo tren ante nosotros, maletas por las ventanas, puertas atascadas de personas, intentabamos coincidir con vecinos o grupo en el mismo compartimento del vagón y de ocho personas cada uno.Unos asientos de eskay, unos espejos por encima de los asientos y unas viejas cortinas, una puerta corredera para dar privacidad al compartimento, privacidad que brillaba por su ausencia, pues una vez ya situados el trasiego de personas recorriendo vagones era constante.
Atrás vamos dejando los últimos Olivos, cae la noche y con ella el cansancio.
Por no tener otra cosa que hacer miramos tras aquellos grandes ventanales las pequeñas luces de pueblos y aldeas de tierras Manchegas, era la hora de comer y el olor a embutido campaba por todo el tren, bajo nuestros pies proviene el sonido incesante al cambio de vias, una pequeña radio da el parte meteorológico, los relatos he Historias en cada compartimento no tenían fin, los más mayores ya empiezan a cerrar los ojos mientras los más jóvenes sentados en los pasillos haciamos nuevas amistades.La noche ya esta avanzada y ahora tocan los ronquidos de algunas personas.Alcazar de San Juan, parada obligatoria en medio de la noche, diez minutos, los más jóvenes intentamos buscar una fuente para poder llenar las botellas de agua para el dia siguiente, unos duermen y otros preguntan ¿donde estamos? ¿por donde vamos? siempre contesto alguien que ya conocía el recorrido y el sitio según la hora de la noche.
A veces nos sorprende una tormenta, los relámpagos nos sobrecogían del miedo y a si empezaron a llegar los primeros claros del dia, ya en tierras Valencianas y con el mar ante nosotros nos reponemos y no dejamos de mirar la belleza de la inmensidad.El trasiego a los aseos, bolsas de magdalenas era el desayuno y el agua habia que racionar-la hasta la próxima parada, comentarios y bromas sobre los ronquidos de unos y otros, los más jóvenes en edad casadera ya empiezan ha hacer su ronda de vagón en vagón, el trasiego incesante del dia anterior, por delante nos quedaba aún todo el dia, momentos de lluvia, momentos de grandes claros, momentos para todo, a nuestra derecha el mar se dejaba ver de vez en cuando.Las madres, las que mas sentian la distancia, a las que de vez en cuando se la podia ver una lagrima en sus mejillas.
Mañana sigo con el relato.
Martinico.