Para Marx es evidente que el hombre explotado necesita el "sol ilusorio" de la religión; por una parte, gracias a su facultad de trascendencia, puede representarse unas condiciones de vida mejores que las situaciones concretas de miseria, y por eso necesita consolarse con un mundo mejor: el más allá; mas no ve con ello que las promesas de la contraproducente religión, que no es otra cosa que la expresión de su miseria terrena, se puede alcanzar cambiando fundamentalmente las relaciones económicas y el orden social (abolición de todo antagonismo de clases). En consecuencia, la religión es "expresión de la miseria real y... Protesta contra la miseria real" (que. MARX y F. ENGELS, Manifest der kommunistischen Parte¡, en MEW IV, Berlín 1959, 480).
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