Recuerdos a orillas del Guadiana Menor, y bajo la majestuosidad de los Picos.
Me senté en el rodillo de
piedra de una era, Observando a los ancianos. Estaba empezando a oscurecer. Los ancianos volvían del
campo con olor a paja. Un sombrero en la cabeza los protegía de un sol que ya no estaba instalado en el
cielo. Buenas tardes. Buenas tardes, tenga usted. Y subían a cenar a sus
casas. Buenas tardes, buen provecho.
La era quedó en silencio y se respiraba muy bien, una fragancia de
pan anticipado.
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