Retomemos las viejas
costumbres, en recuerdo de ese grupo de lectores empedernidos de
Jimena.
Solía decírtelo cada mañana,
tu cuerpo no es fuerte,
no es buena tu tos,
y la luz que entraba te me iluminaba
y tú sonreías diciendo que no.
El tiempo pasó y mi temor aumentaba,
en esa medida aumentaba mi amor.
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