Llegaron las cuatro, e indecisa me levante y me atreví a irme, “que sea lo que Dios quiera”, me dije. El
camino transcurrió con normalidad, no tuve que parar en ninguna cuneta con urgencia, las capsulas habían hecho su efecto, pero me comía por dentro lo que el
médico me había dicho, llegamos a Ronda con la suerte de que un
amigo, les recogió el dorsal a nuestros telarañeros, y ellos se quedaron con nosotros montando todo el campamento. Esa
noche no me fue del todo mal, sino hubiera sido porque los
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