Carlos: pensé que el tiempo podría llegar a cicatrizar la herida de tu ausencia, pero aquí estoy, como el primer día, con la herida abierta y bien abierta, todavía no acepto el no encontrarte entre tu
familia, me derrumbo cuando miro a los ojos de tus hijos y sólo te veo a ti, si abrazo a tu madre o a tu mujer me quedo sin palabras, aún me ahoga el dolor...
Si hoy tuviéramos que hablar de algo, como tantas y tantas veces hemos hablado, te contaría lo que es envejecer, cómo se va apagando el brillo
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