“No intentes enterrar el dolor, se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies, se infiltrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia y con ella, el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a situaciones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. ... (ver texto completo)