No aconsejo a nadie que venga a residir a Zalamea, ya que como cualquier otro
pueblo de la
cuenca minera está entrando en una decadencia consecuente a la perdida del único valor económico válido para el desarrollo, la minería. Desde la perdida de este único punto de impulso nuestro pueblo no ha sabido buscar otra alternativa, esto supone: Escasos puestos de trabajo con muy poca variedad y salarios relativamente bajos. Por eso, aconsejo desde mi juicio no residir en nuestro pueblo.