Y, en pocos días, las verbenas, que no conocí (Las que se hacen para los que en su día se fueron a buscarse la vida) bien dentro del propio país o a lo que por entonces, llamábamos extranjero. Y puedo afirmar porque he sido la que vio el desalojo de ese
pueblo tan majo. Un pueblo, donde había dos
panaderías, dos
tiendas, un estanco, un herrador, un herrero-mecánico, donde teníamos a Don Paco, practicante y farmacéutico y también sobrinos (Quién hijos no tiene, sobrinos sostiene, donde los cortijos
... (ver texto completo)