Hoy vamos a empezar con un chiste comunista. En algún lugar de Siberia tres prisioneros se cuentan sus penas. "Stalin me mandó aquí porque siempre llegaba cinco minutos tarde al trabajo. Me acusó de sabotaje", dice el primero. "Pues yo siempre llegaba cinco minutos antes", recuerda el segundo, "y me procesaron por espía". "Esto no es nada", dice por fin el tercero, "yo llegaba puntual cada día, por eso descubrieron que tenía un reloj occidental".
La paranoia en que se convirtió el comunismo bajo ... (ver texto completo)
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