PEDRO MARTINEZ: LA NIÑA QUE LLEVABA SU PROPIA SILLA A LA ESCUELA...

LA NIÑA QUE LLEVABA SU PROPIA SILLA A LA ESCUELA
Cajamarca, Perú. 2017.
Marleni tenía 9 años y vivía en una pequeña comunidad campesina de los Andes. Su casa, hecha de adobe y techos de calamina, estaba a casi tres horas a pie de la escuela más cercana.
Pero eso nunca fue el problema.
El verdadero desafío empezaba al llegar al aula.
Su escuela tenía muy pocos recursos. No había suficientes pupitres, y muchas veces los niños debían turnarse para usar una banca, o simplemente sentarse en el suelo. Pero a Marleni eso no le gustaba.
—Si vengo a estudiar, vengo con dignidad —le dijo un día a su madre.
Y así, cada mañana, Marleni salía antes que el resto de los niños, cargando una pequeña silla de madera sobre su espalda, envuelta en una manta tejida por su abuela.
Cruzaba ríos, subía cuestas, atravesaba neblinas.
Todo para poder sentarse en clase como cualquier otro alumno.
Un profesor, impresionado por su perseverancia, tomó una foto un día en que la vio llegar, empapada de lluvia, con la silla aún a cuestas y una sonrisa tranquila en el rostro.
La historia llegó a oídos de una organización local, y más tarde fue compartida por redes sociales.
Pero Marleni no buscaba atención.
—Yo no quiero fama —dijo cuando la entrevistaron por primera vez—. Solo quiero ser doctora y ayudar a los que no tienen nada.
La comunidad se movilizó. Se donaron mesas, sillas, libros.
Y la pequeña escuela cambió.
Pero ella siguió llevando su silla durante un tiempo.
—Es mi forma de recordar por qué empecé.
Hoy, Marleni tiene 16 años.
Sigue estudiando con la misma fuerza.
Y la silla…
aún la conserva en su cuarto.
No como símbolo de carencia, sino de propósito.