En aquel entonces, Otoya, hijo de Tumbe – cacique que reinó en la Península de Santa Elena – conocida como Sumpa en tiempos prehispánicos, controlaba con mano dura torturando y explotando a todos sus habitantes. Los hombres eran sometidos a trabajos forzados y las mujeres se rendían a los antojos de aquel tirano cacique sumpeño. Pero la cruda realidad de aquellos tiempos cambiaría con la llegada de repente de seres gigantescos, que aparecieron entre las cristalinas y mansas aguas en balsas aparentemente... Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras. La palabra reconocer es tan importante, que se escribe igual al derecho que al revés. Buenas tardes foreros-as... ¡Feliz Domingo! La memoria es como el mal amigo; cuando más falta te hace, te falla.