Cuenta una
historia, que había una vez un corazón, que cansado de latir solo, de sufrir desengaños, se sentó en un
rincón para dejarse morir. Era un corazón hermoso, lleno de
juventud y vida, con cicatrices que el tiempo le había dejado como recuerdo de lo que alguna vez fue bello. Se sentía triste, abatido, solo, desengañado y solo quería desaparecer. De repente a su lado se sentó una lágrima, que mirándolo con los ojos llenos de ternura, se acurrucó a su lado para contar sus suspiros. Al cabo de
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