Pasaron muchos años, y en otra
fiesta de la cosecha. en la misma colina, un anciano se acercó. Le invitaron a participar en la celebración, pero el anciano, triste y reservado, prefirió sentarse y beber en silencio. Un campesino de aproximadamente su misma edad se le acercó y después de observarle atentamente, le preguntó emocionado: « ¿Eres tú, Juan?»
El anciano asintió, e instantáneamente el campesino reconoció en el desconocido a su hermano mayor, que había desaparecido muchos años antes. Los
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