Debido a que en el corazón y el cerebro del hombre se producen movimientos regulares de corriente eléctrica, existen pequeños
campos magnéticos, muy tenues, alrededor del dorso y del cráneo de todo ser humano. Pero el hombre, que se sepa, no posee la cualidad de tener un
órgano con el que pueda exteriorizar esa fuerza a distancia, tal como lo hacen los peces eléctricos.