Un hijo llevó a su padre a un
restaurante para disfrutar de una deliciosa cena. Su padre ya era bastante anciano, y por lo tanto, un poco débil también.
Mientras comía, un poco de los alimentos caía de cuando en cuando sobre su camisa y su pantalón.
Los demás comensales observaban al anciano con sus rostros distorsionados por el disgusto, pero su hijo permanecía en total calma.
Una vez que ambos terminaron de
comer, el hijo, sin mostrarse ni remotamente avergonzado, ayudó con absoluta tranquilidad
... (ver texto completo)