Hace unos años, trabajaba con una señora. Siempre llegaba a tiempo, hacía su chamba calladita y nunca se metía en broncas con nadie. La verdad, la mayoría ni se sabía su nombre. Un día, una compañera nueva —sin conocerla de nada— se
rió fuerte y soltó:
— ¡Ay, no inventen! ¿Poco sí todos los días viene vestida así? Parece que se escapó de un bazar de ropa vieja...
Casi todos se soltaron a reír.
Todos... menos yo.
Y menos ella.
La señora no dijo ni pío. Nomás agachó la cabeza, guardó sus cosas
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