Monedas de oro
Cierto día, dos hombres que se encontraron en la ruta caminaban junto hacia Salamis, la Ciudad de las Columnas. Al mediodía llegaron hasta un ancho río sin puente para cruzarlo. Debían nadar o buscar alguna otra ruta que desconocían.
Y se dijeron: “Nademos. Después de todo el río no es tan ancho”. Y se zambulleron y nadaron.
Y uno de los hombres, el que siempre supo de ríos y rutas de ríos, de pronto, en el medio de la corriente, comenzó a perderse y a ser arrastrado por las impetuosas ... (ver texto completo)
Tal vez no haya que menospreciar el chismorreo: es el pariente pobre de la literatura
No hay una partícula de vida que no tenga poesía dentro de ella...
Si el tiempo fuera oro podrías permitirte perderlo, pero el tiempo es vida y tú no sabes cuánto te queda, vívelo.
No dejes todo al destino... Las cosas que se desean se persiguen.
Buenas noches Antonia. a descansar para mañana volver a saludar.. besillos.
Vamos a la cama que ahi que descansar, para que mañana podamos saludar. Buenas noche un abrazo.
Buenas noches Antonia. a descansar para mañana volver a saludar.. besillos.
Leyendas de Pedro Martínez: El Tesoro Oculto del Cerro Mencal.
Dicen que en nuestra tierra, donde el viento roza la piedra y el horizonte parece infinito, aún late una historia escondida entre cuevas y barrancos…
Hace siglos apareció en Linares un antiguo testamento árabe.
En él se describía con exactitud el lugar donde descansaba un tesoro oculto.
Un tesoro que apuntaba directamente al Cerro Mencal, el gigante silencioso que vigila Pedro Martínez.
La leyenda cuenta que Joraique, un esclavo ... (ver texto completo)
Ahora no es el momento de pensar en lo que no tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay.
Recordar es la manera de detener por un instante el tiempo.
Hay silencios que lo dicen todo y palabras que no dicen nada.
El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.
Buenos días foreros-as... ¡Feliz Domingo!
Buenas noches Antonia. wue tú sueño sea reparador y descanses. un abrazo
Cada tarde, al caer el sol, un niño recorría el mercado cerrado.
No pedía comida.
No buscaba monedas.
Buscaba semillas.
No nuevas. No compradas.
Sino las que caían al suelo y nadie recogía:
pepitas de sandía, huesos de aguacate, puntas de zanahoria.
Todo lo que para los demás era desecho.
— ¿Para qué quieres eso, chaval? —le preguntó un frutero mientras cerraba su puesto.
—Porque todo lo que parece inútil… puede crecer, si uno lo cuida. ... (ver texto completo)