EL SUEÑO DEL
JOVEN (Así nació el Albaicín)
Al lado derecho del barranco, por donde bajaban las
aguas de la cumbre y del collado, se le vio aquella mañana. Subiendo despacio por la senda que, por el lado de arriba de los
huertos, remontaba al rellano. Iba solo, en busca de su rebaño de
cabras que, desde hacía dos días, tenía perdido por entre el
monte. Y como la cuesta era grande, se paró un momento a descasar, respirar el fresco airecillo y mirar para atrás. Sobre una
piedra se sentó y, durante
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