No teníamos mucho. No había celulares que se robaran horas de vida. No había internet para pasar la
noche entera deslizando la pantalla. No había estantes llenos de juguetes ni gadgets brillosos.
Pero, aun así, lo teníamos todo.
Teníamos la
calle y el
barrio, donde los vecinos se sentaban a platicar hasta que salían las estrellas. Teníamos
bicicletas que nos llevaban por toda la colonia, hasta que las farolas avisaban que ya era hora de volver a
casa. Teníamos
comidas familiares donde no cabía
... (ver texto completo)