Estos elogios a la sola reina Isabel son más bien excepcionales en la época. Por lo general, es don Fernando el que es presentado como el protagonista principal del reinado. Desde este punto de vista, hay que señalar el temprano juicio de Maquiavelo, en El Príncipe (1513): «Fernando de Aragón, actual rey de España, puede ser llamado príncipe nuevo, porque de rey débil que era ha venido a ser, en la fama y en la gloria, el primer rey de los cristianos». En otra parte, Maquiavelo juzga al Rey Católico «más astuto y afortunado que sabio y prudente» y le atribuye «astucia y buena fortuna, más bien que saber y prudencia». Estas frases han dado origen al tópico de un Fernando maquiavélico y calculador contrapuesto a una Isabel que se movería siempre por motivos inspirados por la más alta rectitud moral. Nada en los textos y en los hechos permite corroborar tal contraposición. Lo cierto es que, hasta muy entrado el siglo XVII, Don Fernando, más que Doña Isabel, pasó por un modelo de soberano. De Felipe II refiere Gracián que se inclinaba reverentemente ante el retrato del rey Católico, con el siguiente comentario: «A este lo debemos todo». Olivares proponía a Felipe IV que siguiera los pasos de Don Fernando, «el rey de reyes».