Don Manuel López, un millonario de 78 años, era conocido por su frialdad. Su vida había sido dedicada a los negocios, acumulando una fortuna incalculable, pero siempre al precio de relaciones rotas y un corazón vacío.
Aunque había logrado éxito financiero, su salud se deterioraba rápidamente. Los médicos le habían dado solo un mes de vida debido a una enfermedad terminal, y sabiendo que el final estaba cerca, decidió desaparecer sin dejar rastro.
Una mañana, sin previo aviso, Manuel abandonó su
... (ver texto completo)