UN HOMBRE INCANSABLE: Yendo por la cuesta del Molinillo, hay un almacén con
puertas metálicas grandes, a través de ellas, casi siempre le veías trabajando, todas las horas del día y algunas de muy mañana. Era un hombre afable, saludaba con agrado y con un pelín de ironia, pero siempre con gesto agradable, solía decir: “anda con Dios.”Todo lo compraba y vendía. Era exigente con los suyos. Sencillo en el vestir, su ropa un poco gastada y a veces parcheada, solía ser confundido, no precisamente por
... (ver texto completo)