ELVIRA LINDO
Ayer escuché varias veces el verbo procesionar en el telediario, que es un verbo que nació con la democracia y por la repentina necesidad que les entró a los
Ayuntamientos de que en su jurisdicción se procesionara con tanto entusiasmo como en el
pueblo de al lado.
A esta revitalización de las
procesiones contribuyó la izquierda en gran medida, debido al empeño de algunos políticos en situarse en la presidencia de dichas manifestaciones religiosas. Ya nadie parece acordarse de que,
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