Asió con fuerza mis manos, dándole un mayor ceremonial a sus palabras. Me trasmitió el simbolismo del trabajo del picapedrero. Me sugirió que aprendiera, imitando el oficio del cantero, mi oficio de hombre y del mismo modo que el cantero daba forma perfecta a la piedra bruta, yo debía esforzarme en moldear con armonía mi persona.

El cantero - prosiguió - investido con un humilde mandil muestra la grandeza del trabajo. Imitando al Creador, transforma un trozo de roca en un sillar geométrico. El ... (ver texto completo)
Antes de entrar en el cuarto mi abuela me despojó de todos mis objetos metálicos, cegó mis ojos tapándomelos con un lienzo negro, me descalzó el pie izquierdo recogiéndome los pantalones hasta la rodilla y dejó mi pecho al descubierto. Intuí que estaba tratando de darme el aspecto de un indigente. Temí por mi nuevo traje de marinero.

Participé desconcertado en un rito extraño. Arrodillado prometí guardar en secreto cuanto allí ocurrió. Al concluir desveló mis ojos y vi la luz. Entonces pude ver ... (ver texto completo)
Cuando me cansé de contarle mis experiencias, ella me interrogó sobre lo que había percibido observando a Pedro el cantero. Con toda naturalidad le comenté lo que realmente había visto, un hombre que trabajaba tallando sillares, ayudado por sus tres herramientas, un metro con el que medir las dimensiones de cada piedra, un mazo para golpear el cincel y allanar los salientes hasta darle una forma regular a las piedras brutas.

Luego me interrogó sobre las prendas con las que se protegía el cantero. ... (ver texto completo)
No sé cuanto tiempo estuvimos allí sentados, a mí se me hizo eterno. Mi abuela permanecía en silencio mirándome fijamente, cuando distraía mi mirada, ella, con un ligero movimiento de cabeza, me ordenaba continuar en mi papel de atento espectador.

Al rato volvió a colocarse la empanadera sobre su cabeza y proseguimos caminando hacia nuestra casa. Al llegar le ayudé a poner la mesa. Luego comimos. Durante la comida charlamos de mis impresiones de la experiencia vivida durante aquella mañana de ... (ver texto completo)
Cerca ya de nuestra casa vimos a Pedro el cantero, estaba trabajando junto a un pequeño roquedal, tallaba sillares de granito. Mi abuela se sentó en el pretil de una huerta vecina. Con una leve sonrisa saludó al cantero. Él nos dedicó una mirada cómplice y prosiguió con su tarea.

Por la forma en que respiraba, deduje que mi abuela estaba fatigada. Estaba ya muy vieja y estas largas caminatas cargada con la empanada la ahogaban, le faltaba el resuello. Me senté a su lado. Entonces ella me pidió ... (ver texto completo)
Con motivo de aquella efeméride se había desplazado hasta nuestra aldea un fotógrafo. Mi abuela le solicitó que nos hiciera una fotografía a los dos juntos y otra a mí solo. Aquella fue la primera y única vez que me retrataron en la aldea. Aún guardo aquellas descoloridas fotografías en una pequeña cajita, junto con otros recuerdos de mi abuela.

Casi sin darme tiempo a despedirme de mis amigos, mi abuela me ordenó ponernos en camino de vuelta hacía nuestra casa.

Hicimos una primera parada en ... (ver texto completo)
Mi abuela se sentó en uno de los bancos de la parte trasera de la iglesia, recuerdo que cuando me separé de ella para ir a ocupar mi sitio en la primera fila, la miré extrañado. Ella me sonrió y me hizo un gesto con su cabeza indicándome que fuera a ocupar mi puesto y no me preocupara de nada más.

De la ceremonia no recuerdo nada en especial, sé que tuve que recitar una pequeña invocación en voz alta, era una especie de voto de renuncia a Satanás, a sus obras y a sus acciones. Cuando terminó la ... (ver texto completo)
Cuando llegamos a la iglesia deje de pensar en las enseñanzas de mi abuela y en las múltiples contradicciones que inundaban mi adolescente raciocinio.

En la puerta nos esperaba Don Joaquín. Vino directo a saludar afectuosamente a mi abuela. Curiosamente y a pesar de la fama de hereje de mi abuela, Don Joaquín y Mamá Sofía se respetaban profundamente y creo, sin temor a equivocarme, que ambos se tenían una mutua simpatía.

Entramos en la iglesia. El templo estaba abarrotado de gente. Supuse que ... (ver texto completo)
Si realmente existiera un solo Creador revelado, cómo podía comprenderse el que todas las religiones aseguraran que era el suyo, justo el verdadero.

En los días previos a mi primera comunión, una y otra vez me repetía que las enseñanzas morales de todas las religiones, son aceptables; pero que ella consideraba que la religión debe entenderse en un sentido laico, como un compromiso con el resto de nuestros iguales a través de la generosidad y la probidad. Me explicaba que la única obligación para ... (ver texto completo)
Mama Sofía tenía una visión del universo que la empujaba a concebir que el cosmos en su totalidad, podía llegar a interpretarse de un modo racional, bien como la consecuencia de un proceso de autoorganización propio de la naturaleza o como la obra de un desarrollo perfecto regido por una mente desconocida que lo gobernara.

Una y otra vez me sugería que observase el comportamiento armonioso de la naturaleza. La naturaleza nos invita a pensar que su proceder lógico debe brotar de una mente racional ... (ver texto completo)
Cuando el cura nos hablaba de los mártires que habían ofrecido su vida por la fe, ella me replicaba explicándome que la generosidad, el martirio o el espíritu de sacrificio de los seguidores de cualquier religión, ni evidencian ni contribuyen lo más mínimo a la autenticidad de sus creencias.

Don Joaquín siempre nos hablaba de la religión como una revelación de Dios que estaba recogida en los Libros Sagrados; nos instruía en los dogmas de la Iglesia y sin embargo, mi abuela me había educado desde ... (ver texto completo)
Durante las semanas previas a la comunión asistí con regularidad a las clases de catequesis, cuando retornaba a casa, mi abuela me interrogaba sobre lo que nos había enseñado el cura párroco.

Si Don Joaquín nos hablaba de la caridad como una obligación y un medio para alcanzar la vida eterna; mi abuela me daba otra versión, diciéndome que la caridad y la misericordia nunca podrían ser el fruto de una imposición, que la verdadera caridad no debe basarse ni en el temor a un hipotético castigo ni ... (ver texto completo)
Mi arrogancia hizo que me fijara en su traje y lo comparará con el mío. Pensé que el mío era más bonito.

Cuando mi abuela terminó de charlar con el panadero, proseguimos la marcha hacia la iglesia. Mi abuela caminaba erguida, agarrándome de la mano. Tuve la sensación de que se sentía muy orgullosa. Me pareció raro verla tan presumida, nunca la había visto así. Ella siempre halagaba la humildad como el paradigma de toda virtud.

Recuerdo que yo no comprendía muy bien todo aquel ajetreo de la ... (ver texto completo)
De camino hacia la iglesia mi abuela hizo un alto en la panadería, dejó allí la empanada para que el panadero la cociera en el horno de leña mientras nosotros acudíamos a la misa de mi primera comunión. Mientras ella charlaba con el panadero yo la esperé en la puerta, saludando con cierta vanidad de niño a toda la gente del pueblo que se dirigía hacia la iglesia.

Me sentía importante vestido con el traje de marinero. Cuando pasó por mi lado mi amigo Xocas acompañado de sus padres y sus hermanas, ... (ver texto completo)
Mi abuela, como todas las mujeres de la aldea, tenía una rara habilidad para portar sobre su cabeza los más diversos y pesados utensilios caseros, manteniendo un sutil equilibrio sin que jamás se les cayera nada.

Las mujeres de la aldea desde niñas se ejercitaban en este arte, iban y venían a la fuente de la plaza en busca del agua que luego portaban en sus pesadas sellas colocadas sobre su cabeza. Caminaban erguidas, con un porte elegante y muy femenino, podría decirse que majestuoso. En su ir ... (ver texto completo)