Un zorro que se encontraba atrapado en un
pozo solicitó la ayuda de una
cabra. Sin embargo, el zorro no era muy hábil con las palabras y expresaba sus pensamientos de manera confusa. "Ayúdame para luego devorarte", decía, pero rápidamente se corregía: "No, no, perdón, quise decir, ayúdame para después agradecerte". Así, el zorro continuaba metiéndose en problemas con sus palabras, dejando a la cabra desconcertada, sin saber si debía ayudarlo a salir del pozo o dejarlo allí. En una ocasión, el zorro
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