EL HOMBRE DE LA BICICLETA
Aún puedo escuchar el chirrido de esas ruedas oxidadas entrando al patio.
Cada tarde, cuando el sol caía, sabía que papá había llegado a casa.
— ¡Ya llegué! —gritaba desde la puerta, con esa sonrisa cansada pero luminosa que siempre nos regalaba.
Su bicicleta verde, vieja y parchada, quedaba recostada contra la pared. El manubrio oxidado, el asiento remendado con cinta… pero para él era su fiel compañera de vida.
—Papá, ¿por qué no tienes un auto como los demás? —le ... (ver texto completo)
Aún puedo escuchar el chirrido de esas ruedas oxidadas entrando al patio.
Cada tarde, cuando el sol caía, sabía que papá había llegado a casa.
— ¡Ya llegué! —gritaba desde la puerta, con esa sonrisa cansada pero luminosa que siempre nos regalaba.
Su bicicleta verde, vieja y parchada, quedaba recostada contra la pared. El manubrio oxidado, el asiento remendado con cinta… pero para él era su fiel compañera de vida.
—Papá, ¿por qué no tienes un auto como los demás? —le ... (ver texto completo)