Un niño llegó corriendo a
casa con una carta en la mano. Se la dio a su mamá y le dijo:
—Mi maestro me pidió que te la entregara… solo a ti.
Ella la leyó en silencio. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero sonrió y le dijo:
—Tu maestro dice que eres un genio. Que en esa
escuela no tienen los recursos ni los maestros adecuados para enseñ
arte. Que mejor te enseñe yo, en casa.
Y así lo hizo. Ella misma se encargó de educarlo con amor y paciencia.
Pasaron los años, su madre falleció, y ese niño
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