ALICUN DE ORTEGA: Miguel Vega Rabanillo: los comienzos...

Miguel Vega Rabanillo: los comienzos

Su padre, Rafael Vega, médico de Orce, se quedó viudo con hijos y se casó con una viuda que tambien tenía descendencia. De este segundo matrimonio nacieron más vástagos y, entre ellos, Miguel. Esta superfamilia vivía de lo que el padre cobraba con las igualas y de unas viñas que poseían y que fueron atacadas por la filoxera hasta su aniquilación. Es evidente que la vida de esta familia resultaba muy dura y penosa.
Estudió en su pueblo natal hasta donde la escuela le permitió y fue entoces cuando el maestro visitó a su padre para aconsejarle que aquella mente privilegiada no abandonase los estudios y así fue como, con un dinerillo, muy poco, que le dio su padre se marchó en un carro al seminario de Guadix donde finalizó el bachillerato y posteriormente a Granada donde inició y acabó su carrera de medicina con notas brillantísimas. Su expediente académico puede ser consultado por quien lo desee en el Archivo Universitario de Granada.
Lo pasó francamente mal en los primeros años universitarios. No tenía dinero para libros
pero cada día, sin atentender al frío o al calor acudía a una casa, hoy derruída, de la calle Solarillo de Gracia para usar los que le prestaba don José Valenzuela cuando acababa de estudiar. Pasó pliegos de diferentes notarios a mano (aún no tenía su peculiar y enrevesada letra cuyos trazos no he olvidado) y para combatir el frío se ponía papeles de periódico entren la camisa y el cuerpo.
Su situación mejoró cuando entró como alumno interno en el Hospital de San Juan de Dios y consiguió una beca en el Colegio S. Bartolomé y Santiago. También puso inyecciones y dio clase a matronas y practicantes. Ya se pudo costear a sí mismo y por eso se trajo a un hermano al que le pagó la enseñanza y mantuvo.
Así llegamos al 2 de julio de 1934, día en que fue nombrado director del Hospital de San Juan de Dios y Decano del Cuerpo Médico de la Beneficencia.
El 30 de diciembre de 1934 fue designado Alcalde de Granada, cargo que ocupó hasta el 31 de diciembre de 1935. Quedó excedente en ese tiempo pero cada día y a hora temprana visitaba a sus enfermos para después irse al Ayuntamiento.
Quiero destacar aquí el amor que mi abuelo profesó a los libros precisamente porque no los podía comprar en sus inicios. A su muerte mi prima María Julieta y su marido el doctor Luis de la Torre, donaron buena parte de su biblioteca, bastante copiosa por cierto, a la Facultad de Medicina. No opuedo describir con palabras lo que sentí cuando los ví años después en aquella Facultad en la que estuve de bibliotecaria bastantes años.
María Victoria Domínguez Vega