El lugar más emblemático y deseado del cortijo era la cámara, a la que se subía por unas escaleras estrechas, percibiéndose, ya, desde el primer escalón, un olorcillo agradable y excitante a chorizos, morcillas, jamones, condimentos, quesos de cabra, de oveja, los cantaros de aceite, las ristras de ajos y pimientos secos, las guindillas, el pan de higo...; y era un lugar muy frecuentado en Cuaresma, época de abstinencias y hambres, en nombre de lo sagrado y del férreo control de la abuela. La huella ... (ver texto completo)
EL CORTIJERO Para el abuelo, ser cortijero, gañan y capataz, era algo hermoso, porque la brega con las tierras y su cultivo, permitían comer, seguir viviendo y sentirse útil, en aquella época convulsa. En cambio, mis tíos y tías, pensaban que la explotación inmisericorde, sin horarios, sin fiestas, sin vacaciones, miserablemente pagados, convertían de forma prematura al habitante del cortijo, en un ser envejecido y averiado, al que se exprimía hasta el limite. En verano, cuándo los emigrados volvían ... (ver texto completo)