LAS
CAMPANAS DE MI
PUEBLO ESTÁN TRISTES. Parecen reflejar, o presentir la decadencia del pueblo.
Cuando yo era niño, las tocábamos los monaguillos, y hacíamos competición para ver quien lo hacía mejor, los domingos nos esmerábamos en su repiqueo, dábamos, alegría a todo el pueblo, y no digamos cuando las tocaba el hermano de mi abuela, Rafaela, “el tío “”PEPE” transmitía alegría a campanazos, mucha gente esperaba estos momentos con regocijo, sobre todo el Ángelus de las doce. Qué decir cuando tacaban
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