A mediados de la década de los 40, en el siglo pasado, comenzó la migración hacia la capital o hacia
Barcelona principalmente, aunque también se produjo al
país Vasco, a
Valencia y a otra regiones de
España.
El contraste tan exagerado entre unas convivencias y otras, nos llevaba a pensar a unos que los chorizos, los de
comer, colgaban de los
árboles; a otros que los de la ciudad eran avecrenaos que no veían ni cataban el chorizo en su vida, y en todo caso, entre sus pensares, estaba que esos de
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