La sabia y
santa madre superiora estaba muy enferma y a punto de morir, todas las monjitas rezaban junto a su cama y sor Adelina intentaba por todos los medios hacer que la reverenda madre, tomara un poco de leche caliente, pero el esfuerzo era inutil.
Sor Adeina se vá con el vaso a la cocina y se acuerda que las
navidades anteriores, un buén cristiano les había regalado un whisky estupendo. Abre la botella y echa ´del buén whisky en el vaso, luego le añade la leche caliente y vuelve con el vaso
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