Pepito estaba andando en
bicicleta cuando pasa frente a la
iglesia. En eso, lo alcanza a ver el cura del
barrio y le dice: “Ven, Pepito, hace mucho que no vienes a la iglesia, vamos a rezar un “Padre Nuestro”.
Pepito, con cara de preocupación, le contesta: “No padre, no puedo, porque me van a robar la bicicleta”.
El padre lo toma de la mano y le dice: “Pasa, hijo, el Espíritu
Santo te cuidará la bicicleta”. Una vez terminado el “Padre Nuestro”, Pepito dice: “En el nombre del Padre, del Hijo, amén”.
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