Pepito estaba andando en bicicleta cuando pasa frente a la iglesia. En eso, lo alcanza a ver el cura del barrio y le dice: “Ven, Pepito, hace mucho que no vienes a la iglesia, vamos a rezar un “Padre Nuestro”.
Pepito, con cara de preocupación, le contesta: “No padre, no puedo, porque me van a robar la bicicleta”.
El padre lo toma de la mano y le dice: “Pasa, hijo, el Espíritu Santo te cuidará la bicicleta”. Una vez terminado el “Padre Nuestro”, Pepito dice: “En el nombre del Padre, del Hijo, amén”. El cura lo mira y le dice: “No, Pepito, ¿ya te has olvidado de orar? A ver, repítelo de nuevo” y el niñó porfía: “En el nombre del Padre, del Hijo, amén”. “Nooooo”, dice desesperado el cura al ver que Pepito insistía en lo mismo. “Dices en el nombre del padre, del Hijo, Amén, ¿y qué del Espíritu Santo?” A lo que Pepito, anonadado, lo mira y le dice: “ ¿Qué, ya se le olvidó que el Espíritu Santo me está cuidando la bicicleta?”
Pepito, con cara de preocupación, le contesta: “No padre, no puedo, porque me van a robar la bicicleta”.
El padre lo toma de la mano y le dice: “Pasa, hijo, el Espíritu Santo te cuidará la bicicleta”. Una vez terminado el “Padre Nuestro”, Pepito dice: “En el nombre del Padre, del Hijo, amén”. El cura lo mira y le dice: “No, Pepito, ¿ya te has olvidado de orar? A ver, repítelo de nuevo” y el niñó porfía: “En el nombre del Padre, del Hijo, amén”. “Nooooo”, dice desesperado el cura al ver que Pepito insistía en lo mismo. “Dices en el nombre del padre, del Hijo, Amén, ¿y qué del Espíritu Santo?” A lo que Pepito, anonadado, lo mira y le dice: “ ¿Qué, ya se le olvidó que el Espíritu Santo me está cuidando la bicicleta?”