Pasear por La Plaza y la Corredera, era una costumbre cotidiana que teníamos los montoreños, yo disfrutaba en compañía de mis amigos más íntimos, comentando las cosas más normales, comunes y sencillas, pero encontrando en todas ellas tema de charla amena y hasta en ocasiones burlescas. Yo era un observador de mi pueblo, de sus bellos rincones, de sus gentes, me gustaba sentarme en el “Pollo de las Mentiras” comiendo pipas hasta la lengua picar, observaba a la gente dando paseos, eso me permitía ... (ver texto completo)