De todas maneras, está como una cabra en medio de una botica, no entiende nada, entre ideólogos adiestrados en Rusia, la Habana o Pekín y, por decir un sitio, en cualquier escuela de cualquier valle perdido entre húmedas montañas, el duendecillo fantasma, que no llega ni a Duendin y tiene diarrea mental y es más cursi que un mueble bar, se halla perdido, mejor dicho perdidín. Resulta que uno que odia hasta los cimientos del lugar donde nació, tiene la desfachatez de dar clases de ética a todo ... (ver texto completo)