Mas,
aunque no es consuelo
ahora que tanto dolor siento,
sé que no has muerto,
sé que vives dentro de mí,
que corres por mis venas,
que estás a mi lado
leyendo estos versos,
y que jamás me abandonarás,
pase lo que pase,
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Cuando las fuerzas comenzaban a abandonarte
y sentías que un abismo se abría bajo tus pies,
me dijiste con la pena de los años que no habrías de vivir:
“Te quiero, no lo olvides,
y recuerda que existí,
que aun cuando no pude acariciarte,
ni besarte ni abrazarte con mi cuerpo,
te acaricié, te besé y te abracé con todo mi ser,
que fui tuya todos los días de mi vida
desde el momento en que te conocí,
y que lo que más siento al dejar este mundo
es dejarte huérfano de mí,
de mi amor que para mí lo fue todo,
placer y dolor,
alegría y tristeza,
esperanza y desesperanza,
razón única de mi ser,
centro de mi existencia”.
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