Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:

Tiene el mismo nivel de inteligencia que las hermanas, el mismo ingenio y ve más allá de la superficie, pero utiliza su sabiduría para ayudar a la gente, no para dañarla.
Por su parte, Sarasvati –reina de los cielos– es la encarnación hindú de la sabiduría. Ella se sienta en su trono de loto, personifica el conocimiento y la maestría espiritual de las artes.
Para ella, la travesura es un negocio serio. Conduciendo el carro de Ares incita alborotos, peleas y un pandemonio general. Es tan avarienta como las brujas.
La frase “lo feo es bueno y lo bueno es feo”, expresada como lema por la tríada de brujas, también puede atribuirse a la semi-diosa Eris, o Discordia. Ésta fue famosa por dar inicio a la guerra más grande de la historia griega, la que entablaron troyanos y aqueos, al lanzar la manzana de oro en la boda de Peleo y Tetis.
Pero las hermanas toman su venganza de maneras más imprevisibles y crueles. Macbeth es utilizado como una simple herramienta para llevar a cabo los planes de las hermanas, mientras que las estratagemas de Kali provienen del poder de su espada. Ella es tan temible como la trinidad maligna de brujas, aunque utilice diferentes “medios” para conseguir sus objetivos.
La diosa hindú Kali, forma demoníaca de Parvati, es otra de las resonancias que podemos interpretar en estas tres brujas de Shakespeare. Ella, sin embargo, no es una fuerza metódica: es la encarnación de los asesinatos. Como las extrañas hermanas, Kali borra cualquier persona de su camino vital, literalmente.
En la mitología, estas tres hermanas constituyen el Sino, o el Destino de la humanidad. Cloto, Láquesis y Átropos son respectivamente la hilandera, la medidora y la cortadora del hilo de la vida. Su palabra y decisión es incuestionable. Cloto les sirve la felicidad a los hombres; Átropos se la quita a capricho.
Las brujas en la tragedia shakesperiana Macbeth son tres personajes femeninos fuertes, que controlan a los hombres como marionetas y los engañan. Se llaman “hermanas” entre sí.
Las brujas han sido a menudo marginadas por la cultura y por la fe. Fueron casi siempre consideradas “seres indeseables” aunque se apelara secretamente a sus servicios.
La Odisea de Homero, El Viaje a Argos narrado por Apolonio de Rodas, Medea de Eurípides, Metamorfosis de Ovidio, la Eneida de Virgilio, las Odas completas de Horacio así como Farsalia de Lucano son altamente recomendadas.
Con respecto a las brujas grecolatinas, existen trabajos clásicos, de autores paganos, cuya lectura es recomendable para conocer las prácticas antiguas de brujería en el mundo clásico, así como para reconstruir cualquier clase de paganismo helénico o romano. También, para aquellas personas que sienten afinidad con las culturas mediterráneas
Estas brujas antiguas son absolutamente diferentes a las hechiceras que efectúan prácticas rituales o de magia en la sociedad contemporánea.
El modelo de las brujas es Hécate y sus poderes están ante todo vinculados con la manipulación de la energía, el control del sexo, la fertilidad, la vida y la muerte así como los usos de la medicina en un sentido curativo o para dañar, más que cualquier clase de práctica religiosa.
Investigaciones acerca de las figuras clásicas de brujas provenientes del Mediterráneo revelan los principios de la estereotipia sexista: son casi siempre mujeres malvadas, que practican brujería o artes oscuras.
Se creyó que tales operaciones tenían resultados reales, y la resurrección de los muertos fue un tema discutido en círculos científicos hasta el siglo XIX.

Georg Luck afirma que el poeta Shelley leyó a Lucano junto a su esposa Mary y que este hecho probablemente derivó en la idea que ella tuvo de escribir Frankenstein.
En Farsalia, en vez de guiar a los suplicantes hacia el Inframundo, Erictho es capaz de rescatar seres de infierno a través de ejecuciones nigrománticas y de reanimar cadáveres que predicen los resultados de las batallas.
Esta horrible hechicera tiene enormes poderes, que la aproximan más a una diosa que a una bruja, y emerge como la Gran Madre Kali recogiendo los huesos y las cenizas de los muertos.
Erictho (o Ericto) vive en Tesalia, el país clásico de la brujería, y allí es consultada por el hijo de Pompeyo la víspera de la batalla de Pharsalus (48 a. C).
En este contexto surge una figura temible que parece ser una combinación de todas las brujas mitológicas y literarias anteriores, dado que simula evocar la descripción que Virgilio hace de Hécate en su célebre Eneida.
La descripción de la bruja Erictho aparece reflejada por primera vez en el libro sexto de Farsalia, obra escrita por el autor romano Lucano. Este poema épico, increíblemente largo, relata la guerra civil desatada entre Julio César y Pompeyo.
La ejecución de la magia, y especialmente ser famoso por practicarla (como el caso de Grattidia), era un negocio peligroso y los médicos corrían siempre el riesgo de denuncia por parte de un cliente insatisfecho.
La detención y la persecución de hechiceras, en calidad de herejes o curadoras, no eran exclusivos de la Europa cristiana. En los años 184 y 180-179 antes de Cristo, los magistrados romanos pidieron la ejecución de millares de personas acusadas de envenenamiento o de prácticas mágicas.
Jóvenes mujeres incapaces de concebir a un niño solicitaban a las brujas que le concedieran la bendición de la fertilidad.
Al igual que en el norte de Europa, las brujas europeas meridionales tenían siempre listos los elíxires o venenos para la gente que reclamaba su ayuda con el objetivo de hacer regresar a un amado o destruir a un rival.
Según el ensayo escrito por Georg Luck, La brujería y la magia en Europa: las antiguas Grecia y Roma, el poeta Horacio satiriza deliberadamente a Canidia como un ser depravado, practicante de las artes oscuras.
Canidia es nombrada en los poemas del escritor romano Horacio y parece estar inspirada en un farmacéutico napolitano que existió en la vida real, llamado Grattidia, que se desempeñaba como fabricante de perfumes y era famoso por la elaboración de sus pociones y venenos.
Las compañeras de Canidia son Sagana y Veia, además de la Fortuna, el destino o las Moiras (Fates). Se cree que estas tres inspiraron a las brujas que aparecen en la tragedia Macbeth, de William Shakespeare.
Son hechiceras repulsivas y espantosas. Esta imagen parece haber causado una gran impresión entre los lectores de tales obras porque el estereotipo pervivió durante los siguientes dos mil años.
Las brujas Canidia y Erictho aparecen en la poesía romana, no en relatos u obras dramáticas épicas, así que estos personajes resultan menos desarrollados que Circe o Medea.
Buen dia Freila, ¡que hoy hay que quitar el belen! y empieza la cuesta de enero.
adelante a seguir, con la lucha.
un saludo a todos
buenos dias berta, pues si, ya pasaron las fiestas y ota vez a la misma rutina de siempre
un saludo
hasta luego, me voy a tomarme un cafetito
También existen otras variantes del relato mitológico, donde se mencionan descendientes vivos de Medea y de Jason. Aquí se explica que Medea había asesinado sólo a dos de sus hijos. Y que uno de los sobrevivientes fue el prestigioso Thessalus, cabeza de la raza de los tesalios.
Otras versiones de la historia indican que ella dejó a niños en el templo de Hera, donde los corintios los apedrearon hasta matarlos.
Los lectores, a través de siglos, han tenido dificultades para reconciliar sus sentimientos de condolencia hacia Medea con el odio por sus reacciones asesinas.
La siniestra reputación de Medea deriva de su macabro comportamiento para castigar Jasón: diseñó un traje venenoso para la princesa con la que su amor iba a casarse, quien murió horriblemente. Luego mató a sus propios niños
Aunque ella había sido esencial para que Jasón ascendiera al trono y la tomara por esposa, el héroe –desagradecido– la abandona apenas le ofrecen la oportunidad de casarse con una princesa local. Este matrimonio le conviene por razones políticas.
Perseguida, huye con él en dirección a Grecia. Sin embargo, de regreso al reino de Jasón, Medea es vista como un ser exótico y extranjero que no puede ser asimilado por la sociedad. Termina siendo marginada.
Su tío lo había enviado a su reino de Colchis para encontrar el vellocino de oro, dado que no podría ascender al trono de su patria sin él. Medea, enamorada, accede a traicionar a su propia gente ayudando a Jasón y éste obtiene el preciado vellocino.
En la historia de los argonautas, las diosas Hera y Atenea convencen a Afrodita que envíe a Eros para que Medea se enamore de Jasón, líder de los argonautas, porque el pedido se adapta a los planes que ambas tienen con el héroe.
Probablemente Medea se trate de la bruja más infame de la Antigüedad. Aparece mencionada en los textos de muchos escritores grecorromanos clásicos como Séneca, Eurípides y Ovidio.
Circe también fue asociada a Marcia, la madre de Latino, Fauno y Afrodita. Se dice que Medea era la sobrina de Circe, una bruja del culto lunar a Hécate.
Fue amante de Glauco aunque éste estaba enamorado de Escila. Por despecho, Circe coloca hierbas venenosas en la fuente donde Escila se bañaba y ésta se convierte en el horrible monstruo famoso, que vivía al acecho desde un acantilado que pasaba sobre el estrecho que une Italia con Sicilia.
Circe le explica al héroe los procesos rituales requeridos para entrar al mundo de los muertos, donde se encuentra el adivino. Además de su papel en la Odisea, en la literatura posterior Circe tiene poderes proféticos.
Con la ayuda del dios Hermes, que lo proveyó de unas hierbas mágicas llamadas “moly”, Ulises fue inmune a la magia de Circe. Y en vez de transformarlo en un cerdo, la hechicera lo invita a convertirse en su amante.
La diosa, entonces, le lanza bellotas para que coman y los cerdos se quedan dormidos. Cabe destacar que estos animales eran sagrados para las diosas Démeter y a Perséfone, y que estaban asociados a la fertilidad de la tierra.
Apenas Circe se encuentra con los griegos agita su varita sobre ellos y éstos adquieren la mirada de cerdos, las cabezas y las voces de estos animales, conservando sólo su mente humana.
Luego de su forma “casera” de ganar la Guerra de Troya, el héroe Ulises u Odiseo y sus compañeros llegan a la isla donde “todo eran leones, lobos y montañas, a los que la diosa [Circe] había ofrecido drogas malvadas y había encantado. Pero éstas no surtieron el mismo efecto contra los hombres”.
Estas brujas intrigantes habitaron los márgenes de la sociedad, personificaron las periferias, bordes y límites. Algunas vivieron en los confines del mar o en una isla, como Circe, y otras provenían de países extranjeros, como Medea y Erictho.

Practicar la brujería era un paso más allá de los límites de la normalidad para el héroe mítico y el ciudadano medio, era una aventura entre los mundos donde se tornaba posible cualquier transformación.
Muchas brujas aparecen en la literatura grecorromana; algunas tienen nombres familiares como Circe o Medea, otras son más desconocidas, por ejemplo Simaetha, Perimede, Agamede, Pamphile, Fotis, Erictho, Dipsas, Sagana, Canidia, Veia, Diotima y Oenothea.

Circe y Medea son diosas degradadas, mientras que Canidia se inspira en una mujer real y Erictho es un compuesto temible de varias brujas, entre las que hallamos a la diosa Hécate.
Más tarde, la literatura romana como las Odas de Horacio, o la Farsalia de Lucano presentaron a las brujas desprestigiadas, como cuidadoras de cementerios familiares, no ya como guía de héroes sino trasladando a sus clientes desde el reino de los muertos gracias a la práctica de ritos nigrománticos.