Mensajes enviados por antonio:

# En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
# Sin tigres en el monte, el mono es rey.
# El vuelco del carro delantero puede servir de aviso al que va detrás.
# Los verdaderos amigos se conocen en la adversidad.
# La generación anterior planta árboles y la posterior se cobija a su sombra.
# La experiencia del pasado, si no cae en el olvido, sirve de guía para el futuro.
# Mientras haya montes verdes, no hay por qué inquietarse por la leña.
# El gorrión, a pesar de su pequeñez, tiene todas las vísceras.
# A un hombre no se le puede juzgar por las apariencias.
# Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
# Matar dos águilas con una sola flecha.
# Ser pobre como si hubiera sido lavado.
# El trabajo entero de un año depende de un buen comienzo en primavera.
# Quien un día fue picado por la vibora, siente temor a una soga enroscada durante diez años.
# Una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan.
Aquella ceremonia fue muy impactante aunque en aquel momento no comprendí la trascendencia de aquella prédica ni aquel extraño rito. Durante días meditaba cada noche en las palabras de mi abuela Mamá Sofía. No recuerdo cuando fue, ni sé si hubo realmente un día concreto, pero gradualmente fui interiorizando aquellas alegorías y fui haciéndolas mías.

Hoy ya no tengo dudas. Hoy sé que aquel día de mi primera comunión, en que sellé mi obligación con la Iglesia, también me inicié en un nuevo y largo ... (ver texto completo)
Y sus tres herramientas debes emplearlas siempre en un sentido alegórico, el metro representa la medida del tiempo, debe enseñarte a tener mesura y repartirlo de un modo armonioso, dedicando una tercera parte del día al trabajo, otra al descanso, para de ese modo poder reponer las fuerzas perdidas y la tercera a servir a la familia y al amigo que esté necesitado. El mazo representa la fuerza de la voluntad que nos hace libres, la debemos emplear para disipar toda aspiración abyecta y todo pensamiento ... (ver texto completo)
Asió con fuerza mis manos, dándole un mayor ceremonial a sus palabras. Me trasmitió el simbolismo del trabajo del picapedrero. Me sugirió que aprendiera, imitando el oficio del cantero, mi oficio de hombre y del mismo modo que el cantero daba forma perfecta a la piedra bruta, yo debía esforzarme en moldear con armonía mi persona.

El cantero - prosiguió - investido con un humilde mandil muestra la grandeza del trabajo. Imitando al Creador, transforma un trozo de roca en un sillar geométrico. El ... (ver texto completo)
Antes de entrar en el cuarto mi abuela me despojó de todos mis objetos metálicos, cegó mis ojos tapándomelos con un lienzo negro, me descalzó el pie izquierdo recogiéndome los pantalones hasta la rodilla y dejó mi pecho al descubierto. Intuí que estaba tratando de darme el aspecto de un indigente. Temí por mi nuevo traje de marinero.

Participé desconcertado en un rito extraño. Arrodillado prometí guardar en secreto cuanto allí ocurrió. Al concluir desveló mis ojos y vi la luz. Entonces pude ver ... (ver texto completo)
Cuando me cansé de contarle mis experiencias, ella me interrogó sobre lo que había percibido observando a Pedro el cantero. Con toda naturalidad le comenté lo que realmente había visto, un hombre que trabajaba tallando sillares, ayudado por sus tres herramientas, un metro con el que medir las dimensiones de cada piedra, un mazo para golpear el cincel y allanar los salientes hasta darle una forma regular a las piedras brutas.

Luego me interrogó sobre las prendas con las que se protegía el cantero. ... (ver texto completo)
No sé cuanto tiempo estuvimos allí sentados, a mí se me hizo eterno. Mi abuela permanecía en silencio mirándome fijamente, cuando distraía mi mirada, ella, con un ligero movimiento de cabeza, me ordenaba continuar en mi papel de atento espectador.

Al rato volvió a colocarse la empanadera sobre su cabeza y proseguimos caminando hacia nuestra casa. Al llegar le ayudé a poner la mesa. Luego comimos. Durante la comida charlamos de mis impresiones de la experiencia vivida durante aquella mañana de ... (ver texto completo)
Cerca ya de nuestra casa vimos a Pedro el cantero, estaba trabajando junto a un pequeño roquedal, tallaba sillares de granito. Mi abuela se sentó en el pretil de una huerta vecina. Con una leve sonrisa saludó al cantero. Él nos dedicó una mirada cómplice y prosiguió con su tarea.

Por la forma en que respiraba, deduje que mi abuela estaba fatigada. Estaba ya muy vieja y estas largas caminatas cargada con la empanada la ahogaban, le faltaba el resuello. Me senté a su lado. Entonces ella me pidió ... (ver texto completo)
Con motivo de aquella efeméride se había desplazado hasta nuestra aldea un fotógrafo. Mi abuela le solicitó que nos hiciera una fotografía a los dos juntos y otra a mí solo. Aquella fue la primera y única vez que me retrataron en la aldea. Aún guardo aquellas descoloridas fotografías en una pequeña cajita, junto con otros recuerdos de mi abuela.

Casi sin darme tiempo a despedirme de mis amigos, mi abuela me ordenó ponernos en camino de vuelta hacía nuestra casa.

Hicimos una primera parada en ... (ver texto completo)
Mi abuela se sentó en uno de los bancos de la parte trasera de la iglesia, recuerdo que cuando me separé de ella para ir a ocupar mi sitio en la primera fila, la miré extrañado. Ella me sonrió y me hizo un gesto con su cabeza indicándome que fuera a ocupar mi puesto y no me preocupara de nada más.

De la ceremonia no recuerdo nada en especial, sé que tuve que recitar una pequeña invocación en voz alta, era una especie de voto de renuncia a Satanás, a sus obras y a sus acciones. Cuando terminó la ... (ver texto completo)
Cuando llegamos a la iglesia deje de pensar en las enseñanzas de mi abuela y en las múltiples contradicciones que inundaban mi adolescente raciocinio.

En la puerta nos esperaba Don Joaquín. Vino directo a saludar afectuosamente a mi abuela. Curiosamente y a pesar de la fama de hereje de mi abuela, Don Joaquín y Mamá Sofía se respetaban profundamente y creo, sin temor a equivocarme, que ambos se tenían una mutua simpatía.

Entramos en la iglesia. El templo estaba abarrotado de gente. Supuse que ... (ver texto completo)
Si realmente existiera un solo Creador revelado, cómo podía comprenderse el que todas las religiones aseguraran que era el suyo, justo el verdadero.

En los días previos a mi primera comunión, una y otra vez me repetía que las enseñanzas morales de todas las religiones, son aceptables; pero que ella consideraba que la religión debe entenderse en un sentido laico, como un compromiso con el resto de nuestros iguales a través de la generosidad y la probidad. Me explicaba que la única obligación para ... (ver texto completo)
Mama Sofía tenía una visión del universo que la empujaba a concebir que el cosmos en su totalidad, podía llegar a interpretarse de un modo racional, bien como la consecuencia de un proceso de autoorganización propio de la naturaleza o como la obra de un desarrollo perfecto regido por una mente desconocida que lo gobernara.

Una y otra vez me sugería que observase el comportamiento armonioso de la naturaleza. La naturaleza nos invita a pensar que su proceder lógico debe brotar de una mente racional ... (ver texto completo)
Cuando el cura nos hablaba de los mártires que habían ofrecido su vida por la fe, ella me replicaba explicándome que la generosidad, el martirio o el espíritu de sacrificio de los seguidores de cualquier religión, ni evidencian ni contribuyen lo más mínimo a la autenticidad de sus creencias.

Don Joaquín siempre nos hablaba de la religión como una revelación de Dios que estaba recogida en los Libros Sagrados; nos instruía en los dogmas de la Iglesia y sin embargo, mi abuela me había educado desde ... (ver texto completo)
Durante las semanas previas a la comunión asistí con regularidad a las clases de catequesis, cuando retornaba a casa, mi abuela me interrogaba sobre lo que nos había enseñado el cura párroco.

Si Don Joaquín nos hablaba de la caridad como una obligación y un medio para alcanzar la vida eterna; mi abuela me daba otra versión, diciéndome que la caridad y la misericordia nunca podrían ser el fruto de una imposición, que la verdadera caridad no debe basarse ni en el temor a un hipotético castigo ni ... (ver texto completo)
Mi arrogancia hizo que me fijara en su traje y lo comparará con el mío. Pensé que el mío era más bonito.

Cuando mi abuela terminó de charlar con el panadero, proseguimos la marcha hacia la iglesia. Mi abuela caminaba erguida, agarrándome de la mano. Tuve la sensación de que se sentía muy orgullosa. Me pareció raro verla tan presumida, nunca la había visto así. Ella siempre halagaba la humildad como el paradigma de toda virtud.

Recuerdo que yo no comprendía muy bien todo aquel ajetreo de la ... (ver texto completo)
De camino hacia la iglesia mi abuela hizo un alto en la panadería, dejó allí la empanada para que el panadero la cociera en el horno de leña mientras nosotros acudíamos a la misa de mi primera comunión. Mientras ella charlaba con el panadero yo la esperé en la puerta, saludando con cierta vanidad de niño a toda la gente del pueblo que se dirigía hacia la iglesia.

Me sentía importante vestido con el traje de marinero. Cuando pasó por mi lado mi amigo Xocas acompañado de sus padres y sus hermanas, ... (ver texto completo)
Mi abuela, como todas las mujeres de la aldea, tenía una rara habilidad para portar sobre su cabeza los más diversos y pesados utensilios caseros, manteniendo un sutil equilibrio sin que jamás se les cayera nada.

Las mujeres de la aldea desde niñas se ejercitaban en este arte, iban y venían a la fuente de la plaza en busca del agua que luego portaban en sus pesadas sellas colocadas sobre su cabeza. Caminaban erguidas, con un porte elegante y muy femenino, podría decirse que majestuoso. En su ir ... (ver texto completo)
reo que no llegué a calzármelos nunca más, imagino que mi abuela los guardó con sumo mimo con la espera de que se presentara alguna otra efeméride para volver a ponérmelos. Pero en aquella perdida aldea escaseaban los acontecimientos significativos y jamás volví a verlos.

Ella, igual que siempre, se vistió de color negro. Los únicos cambios perceptibles en sus vestimentas eran que no llevaba su pañuelo negro cubriendo la cabeza y que portaba un bolso de mano, también negro.

Antes de salir de ... (ver texto completo)
Cuando terminó de vestirme me calzó unos zapatos de charol. Aún hoy recuerdo aquellos, mis primeros zapatos. Eran unos zapatos negros con unos cordones muy largos. Hoy los evoco relucientes como espejos. Me quedaban pequeños y me oprimían de un modo tortuoso los talones. Al atardecer, cuando me los descalcé, tenía dos grandes ampollas en los talones, pero no me importó, aquel día fui feliz con mis zapatos nuevos de charol.
La riqueza verdadera es un tesoro que guardamos escondido en el interior de cada uno de nosotros y sólo gozamos de ella cuando conseguimos hacer de un hombre bueno, otro mejor.

No entendía nada. Aquellas palabras rebuscadas me recordaron a los sermones que Don Joaquín nos daba en la Iglesia.
Para poder optar libremente y trazar tu rumbo por el sendero de la existencia, es importante que lleves siempre el corazón rebosante de sentimientos y la cabeza colmada de razonamientos, sólo manteniendo el equilibrio entre la razón y el sentimiento podrás sentirte libre y optar con cordura.

Antes de elegir un nuevo sendero, reflexiona e invoca al Creador que llevas dentro, pídele siempre a tu corazón y a tu cabeza que el camino que escojas, pueda ser conducido con prudencia durante toda la vida ... (ver texto completo)
Una vez que dirigimos nuestros pasos por el nuevo camino, se nos cierra la posibilidad de volver atrás. Recorrido un trecho, nuevamente nos volvemos a tropezar con otra encrucijada similar, con nuevos senderos que parten de ella. En cada cruce existen carteles con sugerentes palabras escritas, con promesas de dichas o amenazas de castigos.

Cuando dudes no te sientas inseguro, todo hombre inteligente duda. Siéntate tranquilo en la vereda, escudriña en las piedras con que están hechos los caminos, ... (ver texto completo)
Empezó explicándome que aquel día de mi primera comunión iba a tener, por primera vez en mi vida, la opción de elegir entre dos caminos espirituales; uno religioso, el de mi primera comunión y otro esotérico, en el que ella me iniciaría con un ritual hermético a lo largo del día.

Comenzó describiéndome que la vida es como una larga corredoira llena de encrucijadas y que, según vamos caminando por ella, tenemos que optar en cada cruce y elegir solamente uno de los senderos que de allí parten.
En mi fantasía infantil me veía como si fuera ya un marino de verdad. Era una manera de anticiparme al tiempo, de hacer realidad el sueño que compartía con todos los demás niños de la aldea, llegar a ser un buen marinero

Mientras mi abuela me peinaba, comenzó a hablarme en un tono muy solemne. Algo extraño en ella. Recuerdo que entonces no comprendí la profundidad de sus palabras, sin embargo aquellas palabras resuenan claras aún hoy en mi mente.
Envuelto en la toalla subimos a mi habitación. Mamá Sofía siguió ayudándome a vestirme el traje de primera comunión. Era un traje de marinero que había comprando de segunda mano a una vecina. Aquellas prendas habían sido utilizadas por el hijo de una de nuestras vecinas en su primera comunión el año anterior.

Por lo ajadas que se encontraban aquellas vestimentas, sospeché que mi vecino no habría sido tampoco la persona que las había estrenado, que otros muchos las habrían utilizado antes que nosotros. ... (ver texto completo)
uego ella posó con delicadeza la masa, ajustándola al contorno de la cazuela y mientras proseguía vertiendo el refrito, yo iba formando las letras iniciales de mi nombre con la masa de harina para decorar la superficie de la empanada.

Cuando terminamos fui a lavarme. Mi abuela me había calentado agua en un puchero, la vertí dentro del barreño, añadiendo varios cazos de agua fría hasta que estuvo templada. Coloqué el barreño cerca del fogón para no enfriarme, me desnudé y seguidamente me bañé. ... (ver texto completo)
Tras desayunarme me ofrecí a ayudarla a terminar de preparar la empanada. Cogí un extraño utensilio al que ella llamaba untadeira y comencé a untar con él la empanadera. Era un palo delgado envuelto en uno de sus extremos con un lienzo blanco, lo utilizábamos sumergiéndolo en el tazón de aceite y extendiendo con él una fina capa sobre toda la superficie de la empanadera para que no se pegase la masa al cocer la empanada.
En esta ocasión no me bastó, como en otras ocasiones, su sonrisa silenciosa para tranquilizarme. Más que tomarme el desayuno, lo engullí. Según nos había adoctrinado Don Joaquín, teníamos que abstenernos de tomar alimento alguno, desde una hora antes de la comunión y aunque todavía tenía tiempo suficiente, me daba pavor el no cumplir con aquel sagrado precepto y verme impedido de celebrar mi primera comunión junto con mis compañeros.
A pesar de las múltiples sugerencias que nos había transmitido Don Joaquín, para que nos mantuviéramos tranquilos y naturales durante el transcurso de la función, yo antes de comenzar, ya me encontraba preso de mis nervios.

Mi abuela al verme llegar a la cocina, me sonrió y sin decirme palabra alguna, me invitó con un leve movimiento de cabeza a que me sirviera el desayuno.
Era el día de mi primera comunión, por primera vez en mi joven vida iba a asistir a un acto solemne y me hallaba muy intranquilo. Los siete niños que íbamos a comulgar habíamos ensayado el ritual todas las tardes durante la última semana bajo la atenta mirada de Don Joaquín, el cura párroco de la aldea. Repetíamos cada día toda la ceremonia de principio a fin, intentando no dejar al azar ningún detalle para que la celebración no perdiera la solemnidad requerida.
Aquella noche había dormido mal. La inquietud me había provocado pesadillas. Al alba, con los primeros cantos del gallo me levanté. Aunque era muy temprano, no podía conciliar el sueño. Cuando bajé a la cocina, mi abuela estaba ya cocinando, preparaba una empanada para celebrar el día de fiesta. Con un rodillo de madera prensaba una y otra vez la pasta, espolvoreándola con harina, mientras en la sartén freía bacalao desmigado rehogándolo con mucha cebolla picada y pimientos verdes troceados.
# Un paso en falso se hace deplorar toda la vida.
# Lobos de la misma camada.
# Una pulgada de tiempo es una pulgada de oro.
# El que de joven no es acucioso, llegado a viejo en vano se lamentará.