El monstruo, además de atemorizar a los trabajadores, hizo lo mismo con la población, que corrió desesperada buscando
refugio donde resguardarse de la furia del animal, que sobrevolaba el
pueblo en círculos emitiendo unos temibles sonidos parecidos a los graznidos de un cuervo. En pocos minutos, uno de los trabajadores, John Tallantire, se armó de valor y con una vara de serbal,
árbol que se creía poseía propiedades mágicas, se enzarzó en una feroz lucha con el monstruoso engendro en el
patio de
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