Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

Y de inmediato tomo una resolución definitiva.
¡Intentaría entregarse como prisionero de guerra!
Se levantó muy resuelto a ejecutar su proyecto sin perder un minuto.
Pero se quedo inmóvil, asaltado de pronto por unas enojosas reflexiones y por sus nuevos terrores.
¿Donde entregarme prisionero?
¿Como?
¿Hacia que lado?
Y al instante las espantosas imágenes de la muerte, invadieron su alma.
Estaría a salvo, alimentado, alojado, a cubierto de las balas y de bayonetas que ensartaban la carne, sin el menor recelo de estar muerto en combate, en una buena cárcel bien custodiada.
¡Prisionero!
¡Que sueño!
Y de inmediato tomo una resolución definitiva.
¡Intentaría entregarse como prisionero de guerra!
Se levantó muy resuelto a ejecutar su proyecto sin perder un minuto.
De repente pensó:
¡Si al menos me hubieran hecho prisionero!
Y fue entonces cuando el corazón se estremeció de deseo y de una ambición violenta, inmoderada, de ser hecho prisionero por los fascistas.
¡Prisionero!
Estaría a salvo, alimentado, alojado, a cubierto de las balas y de bayonetas que ensartaban la carne, sin el menor recelo de estar muerto en combate, en una buena cárcel bien custodiada.
¡Prisionero!
¡Que sueño!
Se encontraba, así, solo, con armas, de uniforme, en un territorio que podía ser del enemigo, lejos de quienes podían defenderlo.
Leves temblores corrían por su piel.
De repente pensó:
¡Si al menos me hubieran hecho prisionero!
Y fue entonces cuando el corazón se estremeció de deseo y de una ambición violenta, inmoderada, de ser hecho prisionero por los fascistas.
¡Prisionero!
Si no hubiera tenido necesidad de comer, aquella perspectiva no le hubiese aterrado demasiado; pero había que comer, y todos los días.
Se encontraba, así, solo, con armas, de uniforme, en un territorio que podía ser del enemigo, lejos de quienes podían defenderlo.
Leves temblores corrían por su piel.
Él no tendría la energía necesaria, ni el coraje para soportar más las largas marchas, ni tampoco podía afrontar los ingentes peligros a cada minuto:
¿Que hacer?
No podía quedarse en aquel barranco y ocultarse allí hasta el final de las hostilidades.
¡No!, claro que no podía.
Si no hubiera tenido necesidad de comer, aquella perspectiva no le hubiese aterrado demasiado; pero había que comer, y todos los días.
¡Tendría que volver a empezar la horrible vida de angustias, de espantos, de fatigas y de sufrimientos que llevaba desde el inicio de la guerra!
¡No!
¡Se sentía ya sin valor para eso!
Él no tendría la energía necesaria, ni el coraje para soportar más las largas marchas, ni tampoco podía afrontar los ingentes peligros a cada minuto:
¿Que hacer?
No podía quedarse en aquel barranco y ocultarse allí hasta el final de las hostilidades.
¡No!, claro que no podía.
Caía la noche, llenando de sombras el barranco.
El soldado se puso a meditar.
¿Que iba a hacer?
¿Que sería de él?
¿Reunirse de nuevo con el ejército republicano?...
Pero... ¿como?
¿Y por donde?
¡Tendría que volver a empezar la horrible vida de angustias, de espantos, de fatigas y de sufrimientos que llevaba desde el inicio de la guerra!
¡No!
¡Se sentía ya sin valor para eso!
De pronto algo se removió cercano a él.
¡Tuvo un espantoso sobresalto!
Pero era un vulgar pajarito que, habiéndose posado en una rama, agitaba las hojas secas.
Durante casi una hora larga, el agitado corazón del brigadista Hausman palpitó con latidos acelerados.
Caía la noche, llenando de sombras el barranco.
El soldado se puso a meditar.
¿Que iba a hacer?
¿Que sería de él?
¿Reunirse de nuevo con el ejército republicano?...
Pero... ¿como?
¿Y por donde?
Después, poco a poco, los clamores de la lucha se debilitaron y de repente cesaron.
Todo volvía a estar mudo y calmo.
De pronto algo se removió cercano a él.
¡Tuvo un espantoso sobresalto!
Pero era un vulgar pajarito que, habiéndose posado en una rama, agitaba las hojas secas.
Durante casi una hora larga, el agitado corazón del brigadista Hausman palpitó con latidos acelerados.
Después se detuvo y se sentó de nuevo, agazapado como si fuese una liebre entre las altas hierbas se-cas y los espinos que le rodeaban por doquier.
En estas condiciones, nuestro hombre oyó durante cierto tiempo, infinidad de detonaciones, de gritos y quejas.
Después, poco a poco, los clamores de la lucha se debilitaron y de repente cesaron.
Todo volvía a estar mudo y calmo.
Como el agujero revelador podía traicionar su pre-sencia, lo disimulo como bien pudo, y después se arrastró con precaución, a cuatro patas, hasta el fondo de aquel hoyo, bajo el techo de ramajes entrelazados escandiéndose lo más deprisa que podía y pretender así escabullirse del lugar del combate.
Después se detuvo y se sentó de nuevo, agazapado como si fuese una liebre entre las altas hierbas se-cas y los espinos que le rodeaban por doquier.
En estas condiciones, nuestro hombre oyó durante cierto tiempo, infinidad de detonaciones, de gritos y quejas.
Al levantar los ojos, vio el cielo por el agujero que había hecho al penetrar su cuerpo en el hoyo.
Como el agujero revelador podía traicionar su pre-sencia, lo disimulo como bien pudo, y después se arrastró con precaución, a cuatro patas, hasta el fondo de aquel hoyo, bajo el techo de ramajes entrelazados escandiéndose lo más deprisa que podía y pretender así escabullirse del lugar del combate.
Pasó como una flecha, a través de una espesa capa de jaras y de zarzas espinosas y puntiagudas que le desollaron la cara y las manos, y después se cayó pesadamente sentado sobre un lecho de piedras.
Al levantar los ojos, vio el cielo por el agujero que había hecho al penetrar su cuerpo en el hoyo.
Entonces, divisando a seis pasos de él una ancha zanja llena de malezas, que estaba cubierta de ho-jarasca seca, saltó a ella a pies juntillas, sin pensar siquiera en su profundidad, como se salta desde un puente al río.
Pasó como una flecha, a través de una espesa capa de jaras y de zarzas espinosas y puntiagudas que le desollaron la cara y las manos, y después se cayó pesadamente sentado sobre un lecho de piedras.
Después, le asaltó un loco deseo de salir a escape; pero pensó, al punto que corría como una lenta tor-tuga, en comparación con los entrenados fascistas que llegaban en tropel saltando como un rebaño de cabras, que estaba perdido, que estaba muerto.
Entonces, divisando a seis pasos de él una ancha zanja llena de malezas, que estaba cubierta de ho-jarasca seca, saltó a ella a pies juntillas, sin pensar siquiera en su profundidad, como se salta desde un puente al río.
Hausman se quedo inmóvil al principio por tan te-rrible susto y tan sorprendido y enloquecido que ni se le ocurrió huir.
Después, le asaltó un loco deseo de salir a escape; pero pensó, al punto que corría como una lenta tor-tuga, en comparación con los entrenados fascistas que llegaban en tropel saltando como un rebaño de cabras, que estaba perdido, que estaba muerto.
Ahora bien, cuando los soldados republicanos ba-jaban con toda tranquilidad a un vallecillo cortado por profundos barrancos, una violenta descarga de fusilaría los detuvo en seco, derribando heridos o muertos a cerca de veinte hombres; y una tropa de francotiradores, saliendo repentinamente por entre los altos canchos de granito, se lanzo hacia delan-te, con la bayoneta calada.
Hausman se quedo inmóvil al principio por tan te-rrible susto y tan sorprendido y enloquecido que ni se le ocurrió huir.
Todo lo que les rodeaba parecía calmado en la alta campiña cordobesa; nada les indicaba una posible resistencia que ya estuviese preparada de antema-no por el enemigo.
Ahora bien, cuando los soldados republicanos ba-jaban con toda tranquilidad a un vallecillo cortado por profundos barrancos, una violenta descarga de fusilaría los detuvo en seco, derribando heridos o muertos a cerca de veinte hombres; y una tropa de francotiradores, saliendo repentinamente por entre los altos canchos de granito, se lanzo hacia delan-te, con la bayoneta calada.
Cuando el Cuerpo de Ejército al que pertenecía la Brigada Internacional, avanzaba hacia el frente de Valsequillo, lo enviaron de reconocimiento con un reducido destacamento que debería limitarse a ex-plorar esta parte de la sierra cordobesa, y después replegarse a continuación.
Todo lo que les rodeaba parecía calmado en la alta campiña cordobesa; nada les indicaba una posible resistencia que ya estuviese preparada de antema-no por el enemigo.
Desde hacia varios meses vivía, así, aterrorizado y angustiado.
Cuando el Cuerpo de Ejército al que pertenecía la Brigada Internacional, avanzaba hacia el frente de Valsequillo, lo enviaron de reconocimiento con un reducido destacamento que debería limitarse a ex-plorar esta parte de la sierra cordobesa, y después replegarse a continuación.
Hausman lloraba a veces.
Al comenzar una batalla sentía tal debilidad en las piernas, que se habría dejado caer al suelo, si no hubiera pensado que el ejército entero del enemigo pasaría sobre su cuerpo muerto.
El silbido de las balas al pasar le ponía los pelos de punta.
Desde hacia varios meses vivía, así, aterrorizado y angustiado.
Cuando se acostaba en el suelo, llegada la noche, envuelto en su capote junto a unos camaradas, que roncaban, pensaba largamente en los suyos, deja-dos allí lejos, en los ingentes peligros que alfom-braban su camino:
Sí a él lo mataban:
¿Que seria de los niños?
¿Quien los alimentaría y los educaría?
Incluso, ahora no eran ricos, pese a las deudas que él había contraído al marchar para dejarles algún dinero.
Hausman lloraba a veces.
Al comenzar una batalla sentía tal debilidad en las piernas, que se habría dejado caer al suelo, si no hubiera pensado que el ejército entero del enemigo pasaría sobre su cuerpo muerto.
El silbido de las balas al pasar le ponía los pelos de punta.
Pensaba además que todas las dulzuras de la exis-tencia desaparecen con la vida y encerraba entre lo más recóndito del corazón, un odio espantoso, ins-tintivo y racional al mismo tiempo, hacia los ca-ñones, los fusiles, los revólveres y los sables, pero sobre todo hacia las bayonetas, sintiéndose incapaz de manejar adecuadamente a esta arma rápida para defender su grueso vientre.
Cuando se acostaba en el suelo, llegada la noche, envuelto en su capote junto a unos camaradas, que roncaban, pensaba largamente en los suyos, deja-dos allí lejos, en los ingentes peligros que alfom-braban su camino:
Sí a él lo mataban:
¿Que seria de los niños?
¿Quien los alimentaría y los educaría?
Incluso, ahora no eran ricos, pese a las deudas que él había contraído al marchar para dejarles algún dinero.
Le gustaba levantarse tarde y acostarse pronto, co-mer lentamente cosas buenas y tomarse una cerve-za en las cervecerías.
Pensaba además que todas las dulzuras de la exis-tencia desaparecen con la vida y encerraba entre lo más recóndito del corazón, un odio espantoso, ins-tintivo y racional al mismo tiempo, hacia los ca-ñones, los fusiles, los revólveres y los sables, pero sobre todo hacia las bayonetas, sintiéndose incapaz de manejar adecuadamente a esta arma rápida para defender su grueso vientre.
Amén de todas estas dificultades añadidas, nuestro bueno y compasivo hombre, era un ser de carácter ciertamente pacifico y bondadoso, aunque no fuese magnánimo, tampoco es sanguinario ni cruel con los demás seres que habitualmente le asediaban. Era padre de cuatro hermosos hijos a los cuales él adoraba con verdadera pasión y ternura y nuestro bondadoso alemán estaba esposado con una joven y proporcionada rubia, llamada Bárbara, de cuyas ternuras cuidados y besos nuestro brigadista echaba terriblemente ... (ver texto completo)
Le gustaba levantarse tarde y acostarse pronto, co-mer lentamente cosas buenas y tomarse una cerve-za en las cervecerías.
Era de talla excesivamente gorda y voluminosa, le costaba bastante esfuerzo caminar, lo que dificulta sobre manera sus resuellos, cuando pretendía hacer cualquier clase de ejercicios físicos para tratar de adelgazar. Además le dolían espantosamente unos formidables pies, gastaba de zapatos el número 46, y porque el desdichado ciudadano alemán los tenía planos y excesivamente gruesos.
Amén de todas estas dificultades añadidas, nuestro bueno y compasivo hombre, era un ser de carácter ciertamente pacifico y bondadoso, aunque no fuese magnánimo, tampoco es sanguinario ni cruel con los demás seres que habitualmente le asediaban. Era padre de cuatro hermosos hijos a los cuales él adoraba con verdadera pasión y ternura y nuestro bondadoso alemán estaba esposado con una joven y proporcionada rubia, llamada Bárbara, de cuyas ternuras cuidados y besos nuestro brigadista echaba terriblemente ... (ver texto completo)
EL ALEMÁN DE LA BRIGADA
Desde que Hausman efectuó su entrada en España para tratar de poder integrarse en las brigadas de combatientes internacionales, para poder combatir por la libertad de elección de todos los pueblos a poder gobernarse democráticamente a su forma y manera, en este caso era a favor de la defensa de la nueva República española que había sido elegida por el pueblo. El súbdito alemán que era originario del estado de Baviera y se apellidaba Hausman por la mayor desgracia de su difunto ... (ver texto completo)
Era de talla excesivamente gorda y voluminosa, le costaba bastante esfuerzo caminar, lo que dificulta sobre manera sus resuellos, cuando pretendía hacer cualquier clase de ejercicios físicos para tratar de adelgazar. Además le dolían espantosamente unos formidables pies, gastaba de zapatos el número 46, y porque el desdichado ciudadano alemán los tenía planos y excesivamente gruesos.
Un sonoro aplauso de satisfacción general se hoyo entre las viejas paredes de la casona, que tenían el privilegio de contemplar por la última vez la Mesa Redonda.
Maica, Alfonso, Elva, Roberto y Marcos, asistían al necesario acto como mudos testigos.
Con lágrimas ahora, pero un día en el futuro serian ellos los que se inmolarían por no aguantar más la vieja carne Templaria.
Cuando todo terminó, (acabo la cena que hermana las almas de los justos) el sutil veneno que durmió para siempre a los ancianos templarios, se esparció por la casona con el intenso olor almendrado de la dulce muerte.
La media inmortalidad de los ocho hombres justos del Temple era la que consumía la poca carne y los esqueletos de los siervos de Cristo.
Nada dejó sobre la tierra de estos viejos templarios la muerte, pero si dejará marcado en los corazones de la humanidad las sabias huellas de la ... (ver texto completo)
-Después de esta última cena de hermandad todos los presentes incluido un servidor (exceptuados los cinco más jóvenes), participaremos en el sacrificio supremo de la inmolación de la carne orgánica del hombre. Hacerlo para acercarnos definitivamente a Cristo y al Maestre Jacques de Molay que nos esta esperando en el Paraíso.
Un sonoro aplauso de satisfacción general se hoyo entre las viejas paredes de la casona, que tenían el privilegio de contemplar por la última vez la Mesa Redonda.
Maica, Alfonso, Elva, Roberto y Marcos, asistían al necesario acto como mudos testigos.
Con lágrimas ahora, pero un día en el futuro serian ellos los que se inmolarían por no aguantar más la vieja carne Templaria.
Los Arcángeles y los Querubines que vigilaban los accesos son la dicotomía de lo que somos nosotros los templarios. Son seres inmortales e invisibles al ojo del hombre. Y nosotros cuando logramos acce-der a los extremos del Paraíso, conseguimos ganar la mitad de la inmortalidad perpetua sin que muera el organismo aunque se caiga de viejo y decrepito.
-Después de esta última cena de hermandad todos los presentes incluido un servidor (exceptuados los cinco más jóvenes), participaremos en el sacrificio supremo de la inmolación de la carne orgánica del hombre. Hacerlo para acercarnos definitivamente a Cristo y al Maestre Jacques de Molay que nos esta esperando en el Paraíso.
-Cumplida con creces nuestra divina misión ante el poder de Cristo Crucificado, y una vez solventados los problemas para manifestar los ocultos secretos de la existencia humana, el Temple ha conseguido tener libre acceso a la ciudad sagrada de Sagisama.
Los Arcángeles y los Querubines que vigilaban los accesos son la dicotomía de lo que somos nosotros los templarios. Son seres inmortales e invisibles al ojo del hombre. Y nosotros cuando logramos acce-der a los extremos del Paraíso, conseguimos ganar la mitad de la inmortalidad perpetua sin que muera el organismo aunque se caiga de viejo y decrepito.
Antes de empezar a servirse la esplendida comida, cuando los ocho veteranos del Temple ya estaban sentados, el más veterano de los allí presentes se levanto y demandando silencio a todos departió ha los caballeros estas palabras:
-Cumplida con creces nuestra divina misión ante el poder de Cristo Crucificado, y una vez solventados los problemas para manifestar los ocultos secretos de la existencia humana, el Temple ha conseguido tener libre acceso a la ciudad sagrada de Sagisama.
Después tomaran un excelente café moca Java, y se beberán botellas de Champagne de Epernay.
Después todos los caballeros se postraran en tierra de rodillas, con la espada de cada cual en posición de cruzado.
Entonces sería cuando llegaría a esos caballeros el instante de la verdad.
Antes de empezar a servirse la esplendida comida, cuando los ocho veteranos del Temple ya estaban sentados, el más veterano de los allí presentes se levanto y demandando silencio a todos departió ha los caballeros estas palabras:
Los vinos tintos y los blancos que se servirán para cenar son:
Cháteau – Laffitte.
Mouton – Rothschild.
Saint Émilion – Pomerol.
Cháteau neuf du Pape.
Saint Georges.
Después tomaran un excelente café moca Java, y se beberán botellas de Champagne de Epernay.
Después todos los caballeros se postraran en tierra de rodillas, con la espada de cada cual en posición de cruzado.
Entonces sería cuando llegaría a esos caballeros el instante de la verdad.
Los postres que le siguen al excelente menú:
1º.- Delicadeza de cerezas.
2º.- Pudín de almendras.
3º.- Pastel de queso.
Los vinos tintos y los blancos que se servirán para cenar son:
Cháteau – Laffitte.
Mouton – Rothschild.
Saint Émilion – Pomerol.
Cháteau neuf du Pape.
Saint Georges.
Los cuatro apetitosos segundos serán:
1º.- Rosbif aux champignons farcis.
2º.- Levraut saute.
3º.- Boudin grillé, sauce moutarde.
4º.- Andouilles grillées á la purée de pois.
Los postres que le siguen al excelente menú:
1º.- Delicadeza de cerezas.
2º.- Pudín de almendras.
3º.- Pastel de queso.
Los cinco primeros platos de la cena se serviran en este orden:
1º.- Escargots á la bourguignonne.
2º.- Filets de sanglier mariné en sauce poivrade.
3º.- Côtelettes de mouton á la milanaise.
4º.- Pommes de terre maître d`hôtel.
5º.- Poulet truffé á la salade.
Los cuatro apetitosos segundos serán:
1º.- Rosbif aux champignons farcis.
2º.- Levraut saute.
3º.- Boudin grillé, sauce moutarde.
4º.- Andouilles grillées á la purée de pois.
La solemne cena será servida adecuadamente con la inestimable ayuda de los cinco ayudantes.
Primero les será servido un delicioso consomé de tortuga y en consonancia se les sirve un balsámico vino de la región húngara de Tokai.
Después como entrantes, se les sirve una fantasía hecha con lenguas de faisán rebozadas en la sangre de un ave del paraíso.
Después sigue la ventresca de salmón envuelta en salsa agridulce de sesada de lagarto.
Y rematando los entrantes, se sirve una abundante ración ... (ver texto completo)
Los cinco primeros platos de la cena se serviran en este orden:
1º.- Escargots á la bourguignonne.
2º.- Filets de sanglier mariné en sauce poivrade.
3º.- Côtelettes de mouton á la milanaise.
4º.- Pommes de terre maître d`hôtel.
5º.- Poulet truffé á la salade.
Ocho ancianos templarios, acompañados por cinco magníficos ayudantes, que ejecutarían sus ordenes ha rajatabla y estaban preparados para poder hacer lo que les ordenase en su momento el Maestre.
Era los más jóvenes de entre los demás templarios, y su misión era obedecer a los ancianos y facilitar a todos los más mínimos deseos y la más poderosa voluntad.
Aunque los jóvenes fuesen inmortales, un anciano templario tenía la potestad de satisfacer sin ningún estorbo su propio destino.
La solemne cena será servida adecuadamente con la inestimable ayuda de los cinco ayudantes.
Primero les será servido un delicioso consomé de tortuga y en consonancia se les sirve un balsámico vino de la región húngara de Tokai.
Después como entrantes, se les sirve una fantasía hecha con lenguas de faisán rebozadas en la sangre de un ave del paraíso.
Después sigue la ventresca de salmón envuelta en salsa agridulce de sesada de lagarto.
Y rematando los entrantes, se sirve una abundante ración de corazones de jilguero rellenos y fritos en aceite de soja. ... (ver texto completo)
Corona, con su ayudante de campo Marcos llegó el primero.
Rufino, con su ayudante de campo Roberto llego el segundo.
Rafael, con su secretaria Elva llego el tercero.
Ramón, con su secretario Alfonso llego el cuarto.
José Vega, con su secretaria Maica llego el quinto.
José Rafael Pineda, llego el sexto.
Guatire, llego el séptimo.
Y el anciano Maestre que hacía el octavo cerraba el círculo de la Mesa Redonda.
Ocho ancianos templarios, acompañados por cinco magníficos ayudantes, que ejecutarían sus ordenes ha rajatabla y estaban preparados para poder hacer lo que les ordenase en su momento el Maestre.
Era los más jóvenes de entre los demás templarios, y su misión era obedecer a los ancianos y facilitar a todos los más mínimos deseos y la más poderosa voluntad.
Aunque los jóvenes fuesen inmortales, un anciano templario tenía la potestad de satisfacer sin ningún estorbo su propio destino.
Era el último conclave de los ocho más poderosos miembros del Temple. Era la póstuma celebración de una marcha hacía las estrellas que se proponían realizar los ocho templarios juntos. Todo estaba en orden y en su lugar, cuando se inició la llegada de los primeros caballeros.
Corona, con su ayudante de campo Marcos llegó el primero.
Rufino, con su ayudante de campo Roberto llego el segundo.
Rafael, con su secretaria Elva llego el tercero.
Ramón, con su secretario Alfonso llego el cuarto.
José Vega, con su secretaria Maica llego el quinto.
José Rafael Pineda, llego el sexto.
Guatire, llego el séptimo.
Y el anciano Maestre que hacía el octavo cerraba el círculo de la Mesa Redonda.
Un primoroso mantel de lino blanco que se hallaba bordado con labores que representaban las luchas caballerescas de los hijos de Cristo cubría la mesa en su contorno y colgaba con largos flecos hacía el suelo. Ocho candelabros que había sobre la mesa, tallados en vieja plata maciza, de un brazo, con los escudos que correspondían a las ocho familias más destacadas del Temple de Torrelavega, grabados en una preciosa policromía de colores, destacaban en el conjunto de bellos apliques que el ochentón ... (ver texto completo)
Era el último conclave de los ocho más poderosos miembros del Temple. Era la póstuma celebración de una marcha hacía las estrellas que se proponían realizar los ocho templarios juntos. Todo estaba en orden y en su lugar, cuando se inició la llegada de los primeros caballeros.
Esperando que volviese pronto la luz, el anciano se empecinó en la provechosa preparación de la Mesa Redonda que estaba hecha de caoba maciza.
Un primoroso mantel de lino blanco que se hallaba bordado con labores que representaban las luchas caballerescas de los hijos de Cristo cubría la mesa en su contorno y colgaba con largos flecos hacía el suelo. Ocho candelabros que había sobre la mesa, tallados en vieja plata maciza, de un brazo, con los escudos que correspondían a las ocho familias más destacadas del Temple de Torrelavega, grabados en una preciosa policromía de colores, destacaban en el conjunto de bellos apliques que el ochentón ... (ver texto completo)
Capitulo 31
El cabello blanco del anciano resaltaba en la tenue oscuridad del largo pasillo de la casa, llenando de argentino ambiente la sonora cadencia de los dos pies del veterano ser que caminaba muy despacio encima del lustroso suelo de madera de roble. La mano derecha del noble y canoso anciano portaba una candela de aprieto encendida que manchaba de sombras el oscuro corredor al andar. Un fallo en el alumbrado debido ha la tormenta, era la causa del repentino apagón. Como era ya muy tarde ... (ver texto completo)
Esperando que volviese pronto la luz, el anciano se empecinó en la provechosa preparación de la Mesa Redonda que estaba hecha de caoba maciza.
Ahora que el Arca de la Alianza había desaparecido entre las imperceptibles cenizas de una extraordinaria detonación en la puerta 5ª del Paraíso, el misterio de la inmortalidad humana envolvía como nuevo misterio Divino las mentes de todos.
Capitulo 31
El cabello blanco del anciano resaltaba en la tenue oscuridad del largo pasillo de la casa, llenando de argentino ambiente la sonora cadencia de los dos pies del veterano ser que caminaba muy despacio encima del lustroso suelo de madera de roble. La mano derecha del noble y canoso anciano portaba una candela de aprieto encendida que manchaba de sombras el oscuro corredor al andar. Un fallo en el alumbrado debido ha la tormenta, era la causa del repentino apagón. Como era ya muy tarde ... (ver texto completo)
Un nuevo capitulo se cerraba en falso en la historia de la cristiandad y otras religiones y creencias sólo servían a los hombres para desorientarles y apar-tarles del camino recto del saber. El secreto que mejor guardaba el Temple antes de sacar a la luz del día el Arca de la Alianza, era el Arca misma y los templarios lo guardaron eternamente.
Ahora que el Arca de la Alianza había desaparecido entre las imperceptibles cenizas de una extraordinaria detonación en la puerta 5ª del Paraíso, el misterio de la inmortalidad humana envolvía como nuevo misterio Divino las mentes de todos.
Jacques de Molay, estaba siempre presente cuando alguno cruzaba de nuevo el umbral del Paraíso, y cuando les hablaba, les preguntaba de continuo si el tesoro del Temple estaba intacto en el escondite secreto que el había preparado en Cos.
El vivía en el jardín de Dios como gracia suprema ha su fidelidad y por su sacrificio siendo el hombre más fiel a Cristo y más temido de la tierra.
Un nuevo capitulo se cerraba en falso en la historia de la cristiandad y otras religiones y creencias sólo servían a los hombres para desorientarles y apar-tarles del camino recto del saber. El secreto que mejor guardaba el Temple antes de sacar a la luz del día el Arca de la Alianza, era el Arca misma y los templarios lo guardaron eternamente.
Ahora, nada ni nadie en las intrigas del hombre, ni tampoco en las jornadas de la existencia humana, serviría para impresionar a los caballeros de Cristo ni tampoco a ninguno de sus descendientes. Ellos han conseguido la capacidad de salir y de entrar en el Paraíso y coger de su existencia la inmortalidad. La ventaja conseguida era terrible para todos ellos, y además como lo sabían, lo llevaban con orgullo y respeto. Era su manera de ser y de comportarse en la vida, y eso era lo menos que podían ... (ver texto completo)
Jacques de Molay, estaba siempre presente cuando alguno cruzaba de nuevo el umbral del Paraíso, y cuando les hablaba, les preguntaba de continuo si el tesoro del Temple estaba intacto en el escondite secreto que el había preparado en Cos.
El vivía en el jardín de Dios como gracia suprema ha su fidelidad y por su sacrificio siendo el hombre más fiel a Cristo y más temido de la tierra.