Respuestas para Críspulo Cortés Cortés:

Chupahuesos viendo el éxito de su amigo, pidió al dragón:
-Deseo lo mismo que mi compadre Tuercebotas.
En cuanto salgas por la puerta del castillo tu deseo será satisfecho igual que tú amigo.
Dictaminaron las siete bocas del dragón.
Rascahuertos, al ver el resultado de la demanda, de los compañeros de fatigas, se decidió por pedirle al dragón lo mismo que sus amigos.
-Los tres vagabundos seréis recompensados al salir por el portón del castillo, con la misma juventud y el mismo destino.
La bestia desapareció de repente, cómo antes había desaparecido Tapafuegos y el misterio y la mágica luz de la existencia humana resplandecía para los tres vagabundos en los entresijos de una fantástica subsistencia.
-En cuanto salgas por la puerta del castillo volve-rás a ser el joven y apuesto galán que deseáis ser y lo demás será dado por añadidura durante tú vida.
Le predijo el dragón.
Chupahuesos viendo el éxito de su amigo, pidió al dragón:
-Deseo lo mismo que mi compadre Tuercebotas.
En cuanto salgas por la puerta del castillo tu deseo será satisfecho igual que tú amigo.
Dictaminaron las siete bocas del dragón.
- ¿Puedo pedir mí deseo ahora?
Dijo Tuercebotas, que estaba nervioso por exponer su deseo el primero.
- ¡Habla y pide lo que más quieras!
Respondieron las siete bocas, al unísono.
-Quiero ser joven, apuesto y tener tres mujeres que me den cinco hijos y tres nietos.
-En cuanto salgas por la puerta del castillo volve-rás a ser el joven y apuesto galán que deseáis ser y lo demás será dado por añadidura durante tú vida.
Le predijo el dragón.
-Vosotros me disteis la vida de nuevo y agradecido y generoso, mí más apasionada apetencia, es ahora concederos un deseo a cada uno de los tres.
- ¿Puedo pedir mí deseo ahora?
Dijo Tuercebotas, que estaba nervioso por exponer su deseo el primero.
- ¡Habla y pide lo que más quieras!
Respondieron las siete bocas, al unísono.
-Quiero ser joven, apuesto y tener tres mujeres que me den cinco hijos y tres nietos.
Estos habitantes de Templanza, quisieron vivir en un Paraíso eternamente, pero el egoísmo y la mal-dad, pudieron mucho más que el ciclo de la vida, desaprovechando los 30 malvados vecinos, el posi-ble perdón, por el horrendo crimen en contra de la familia y los bienes de Tapafuegos en Templanza.
Estaban todavía admirados los tres amigos, cuando por el dintel de una puerta aparecieron de repente, las siete cabezas del dragón, que les hablaban a los vagabundos de esta guisa:
-Vosotros me disteis la vida de nuevo y agradecido y generoso, mí más apasionada apetencia, es ahora concederos un deseo a cada uno de los tres.
Es el más asombroso sortilegio que el ojo humano pueda observar en el transcurso de la existencia en la Tierra. Nada de lo que allí sucedió asombraba a los tres avezados vagabundos, porque ya conocían los muchos encantamientos y sortilegios de gentes que eran nigromantes profesionales y engañabobos de una legítima ley que era secreta y hermética.
Estos habitantes de Templanza, quisieron vivir en un Paraíso eternamente, pero el egoísmo y la mal-dad, pudieron mucho más que el ciclo de la vida, desaprovechando los 30 malvados vecinos, el posi-ble perdón, por el horrendo crimen en contra de la familia y los bienes de Tapafuegos en Templanza.
Estaban todavía admirados los tres amigos, cuando por el dintel de una puerta aparecieron de repente, las siete cabezas del dragón, que les hablaban a los vagabundos de esta guisa:
-Ellos se han buscado el destino por su maldad y el encargo de recuperar la vida y la muerte, a cambio de oro y de plata, debéis de desecharlo desde ahora mismo porque nuestro más ferviente deseo se halla unido a la legítima venganza de vuestra merced.
Tapafuegos se levantó despacio de su majestuoso sillón del trono y dando un fuerte abrazo a los tres amigos, desapareció incomprensiblemente sin salir por ninguna de las puertas que tenía el salón.
Es el más asombroso sortilegio que el ojo humano pueda observar en el transcurso de la existencia en la Tierra. Nada de lo que allí sucedió asombraba a los tres avezados vagabundos, porque ya conocían los muchos encantamientos y sortilegios de gentes que eran nigromantes profesionales y engañabobos de una legítima ley que era secreta y hermética.
- ¡Al pretender ayudar a los demás, hemos errado en una indulgencia que no se merecen los asesinos de tu mujer y tus hijos!
Dijo Rascahuertos mirando a sus afligidos amigos, a la vez que pregunta a Tapafuegos, curioso:
- ¡No consigo comprenderte!
-Nos hablas de la muerte de tus seres queridos y de la venganza del dragón de las siete cabezas, contra la aldea de Templanza y nos creemos afligidos por haber eliminado al monstruo de la montaña, pero tendréis que considerar, que también hemos hecho ... (ver texto completo)
-Ellos se han buscado el destino por su maldad y el encargo de recuperar la vida y la muerte, a cambio de oro y de plata, debéis de desecharlo desde ahora mismo porque nuestro más ferviente deseo se halla unido a la legítima venganza de vuestra merced.
Tapafuegos se levantó despacio de su majestuoso sillón del trono y dando un fuerte abrazo a los tres amigos, desapareció incomprensiblemente sin salir por ninguna de las puertas que tenía el salón.
-Te rogamos con humildad, que perdones nuestras culpas; que hemos realizado creyendo ayudar a los demás, sin rencores ni odios hacía nadie. Ellos son los únicos culpables del engaño y vuestra merced si tiene a bien, debe perdonar nuestra ignorancia.
- ¡Al pretender ayudar a los demás, hemos errado en una indulgencia que no se merecen los asesinos de tu mujer y tus hijos!
Dijo Rascahuertos mirando a sus afligidos amigos, a la vez que pregunta a Tapafuegos, curioso:
- ¡No consigo comprenderte!
-Nos hablas de la muerte de tus seres queridos y de la venganza del dragón de las siete cabezas, contra la aldea de Templanza y nos creemos afligidos por haber eliminado al monstruo de la montaña, pero tendréis que considerar, que también hemos hecho ... (ver texto completo)
-Quieren vivir y morir, con regularidad, a cambio de oro y plata; y me envían a tres vagabundos para negociar los posibles términos de un acuerdo.
- ¡Vosotros fuisteis los que lacerasteis al dragón de la justicia y también fuisteis los que le partisteis en dos mitades sin tener compasión, ni tampoco nada de respeto a mí, que era su dueño y señor!
- ¿Y ahora me rogáis y me pedís, que yo tenga clemencia para estos criminales que mataron a mi mujer y a mis hijos y además me arrebataron con las armas, ... (ver texto completo)
-Te rogamos con humildad, que perdones nuestras culpas; que hemos realizado creyendo ayudar a los demás, sin rencores ni odios hacía nadie. Ellos son los únicos culpables del engaño y vuestra merced si tiene a bien, debe perdonar nuestra ignorancia.
- ¿Quieren cambiar la virtud de vivir siempre y de no morir jamás, por la normalidad en la existencia de cualquier sencillo mortal?
Dijo Chupahuesos.
-Quieren vivir y morir, con regularidad, a cambio de oro y plata; y me envían a tres vagabundos para negociar los posibles términos de un acuerdo.
- ¡Vosotros fuisteis los que lacerasteis al dragón de la justicia y también fuisteis los que le partisteis en dos mitades sin tener compasión, ni tampoco nada de respeto a mí, que era su dueño y señor!
- ¿Y ahora me rogáis y me pedís, que yo tenga clemencia para estos criminales que mataron a mi mujer y a mis hijos y además me arrebataron con las armas, ... (ver texto completo)
- ¿Es que ahora quieren morir todos los habitantes de Templanza, cuando disfrutaron y aún disfrutan de una salud de hierro y de la inmortalidad?
-Dijo sorprendido Tapafuegos.
- ¿Quieren cambiar la virtud de vivir siempre y de no morir jamás, por la normalidad en la existencia de cualquier sencillo mortal?
Dijo Chupahuesos.
-Una bestia que indultaron los aldeanos del pueblo a cambio de ser inmortales y que ahora duerme en tu fortaleza.
- ¿Es que ahora quieren morir todos los habitantes de Templanza, cuando disfrutaron y aún disfrutan de una salud de hierro y de la inmortalidad?
-Dijo sorprendido Tapafuegos.
- ¿De que clase de engendro se trata?
Les pregunta Tapafuegos, muy sorprendido por tan extraña demanda.
- ¡El dragón de siete cabezas que tienes escondido para tus malditos fines, en el castillo!
-El el mismo dragón que apresaron, en unas altas montañas, Rascahuertos y Chupahuesos. Que tiene al pie del monte la aldea de Templanza.
-Una bestia que indultaron los aldeanos del pueblo a cambio de ser inmortales y que ahora duerme en tu fortaleza.
Tuercebotas, que andaba curioseando por el salón por si veía algo que pudiese sustraerle al bribón de la casa, se dio cuenta de que estaban ellos solos en el amplio salón y como le pareció que ningún ser extraño vigilaba la reunión le dijo a Tapafuegos lo siguiente:
- ¡Rey de seres extraños!
-Venimos a buscar a uno de tus fétidos engendros.
- ¿Y si quieres a cambio el oro y la plata, nos tienes que demostrar que la bestia esta aún viva?
Finalizo Tuercebotas.
- ¿De que clase de engendro se trata?
Les pregunta Tapafuegos, muy sorprendido por tan extraña demanda.
- ¡El dragón de siete cabezas que tienes escondido para tus malditos fines, en el castillo!
-El el mismo dragón que apresaron, en unas altas montañas, Rascahuertos y Chupahuesos. Que tiene al pie del monte la aldea de Templanza.
- ¡De más de mil doblones, entre el oro y la plata!
Se arranco a decir Tuercebotas, cansado del inútil escarceo del aprovechado Tapafuegos.
Tuercebotas, que andaba curioseando por el salón por si veía algo que pudiese sustraerle al bribón de la casa, se dio cuenta de que estaban ellos solos en el amplio salón y como le pareció que ningún ser extraño vigilaba la reunión le dijo a Tapafuegos lo siguiente:
- ¡Rey de seres extraños!
-Venimos a buscar a uno de tus fétidos engendros.
- ¿Y si quieres a cambio el oro y la plata, nos tienes que demostrar que la bestia esta aún viva?
Finalizo Tuercebotas.
Me llaman Tapafuegos, por saber tapar las fauces a mis dragones, para que no arda ningún mortal sin mi autorización expresa.
- ¿De que cantidad de precioso metal se trata?
Les requiere con curiosa ambición Tapafuegos.
- ¡De más de mil doblones, entre el oro y la plata!
Se arranco a decir Tuercebotas, cansado del inútil escarceo del aprovechado Tapafuegos.
Terminó diciendo Rascahuertos, con la aprobación de Chupahuesos y Tuercebotas.
Me llaman Tapafuegos, por saber tapar las fauces a mis dragones, para que no arda ningún mortal sin mi autorización expresa.
- ¿De que cantidad de precioso metal se trata?
Les requiere con curiosa ambición Tapafuegos.
-Negocios hay en perspectiva de cantidades de oro y de plata, muy firmes, que aran que vuestra bolsa engorde, si llegamos al acuerdo en unas cuestiones que interesan a gentes que no cohabitan en vuestra región, maese Tapafuegos, ó como os llamen otras gentes.
Terminó diciendo Rascahuertos, con la aprobación de Chupahuesos y Tuercebotas.
Al penetrar en el salón del trono se dirigieron entre la medio oscuridad del salón, hacia una larga mesa que había en el centro; y sentado en la cabecera les contemplaba el ladino embustero Tapafuegos, que les acogía con su acostumbrada y burlesca sonrisa.
- ¡Malos tiempos son para negocios, si de verdad los traéis!
Dijo Tapafuegos como saludo de bienvenida.
-Negocios hay en perspectiva de cantidades de oro y de plata, muy firmes, que aran que vuestra bolsa engorde, si llegamos al acuerdo en unas cuestiones que interesan a gentes que no cohabitan en vuestra región, maese Tapafuegos, ó como os llamen otras gentes.
Al entrar en el patio de armas de la fortaleza todos sintieron escalofríos en la espalda, cuando los tres van hacía la puerta lateral que se imaginaron daba entrada al salón principal.
Al penetrar en el salón del trono se dirigieron entre la medio oscuridad del salón, hacia una larga mesa que había en el centro; y sentado en la cabecera les contemplaba el ladino embustero Tapafuegos, que les acogía con su acostumbrada y burlesca sonrisa.
- ¡Malos tiempos son para negocios, si de verdad los traéis!
Dijo Tapafuegos como saludo de bienvenida.
Después de un buen rato de descanso y repuestos de la fatigosa subida, nuestros amigos empujaron la puerta de entrada, cuyas bisagras chirriaron con estridencia ocasionando un esfuerzo muy grande el poder abrirlas, dado el estado avanzado de la edad de los tres vagabundos.
Al entrar en el patio de armas de la fortaleza todos sintieron escalofríos en la espalda, cuando los tres van hacía la puerta lateral que se imaginaron daba entrada al salón principal.
Tapafuegos fue informado enseguida de la insólita presencia de que tres individuos que tenían aspecto de vagabundos, estaban dormitando en la puerta y no dejaban pasar a nadie.
Después de un buen rato de descanso y repuestos de la fatigosa subida, nuestros amigos empujaron la puerta de entrada, cuyas bisagras chirriaron con estridencia ocasionando un esfuerzo muy grande el poder abrirlas, dado el estado avanzado de la edad de los tres vagabundos.
Los vigilantes de la fortaleza, que eran unos seres que tenían una vida nocturna y a la claridad del día le hacían verdaderos ascos, a duras penas vieron a los tres personajes, de un aspecto variopinto y algo destartalados en sus maneras de vestir, que sientan sus posaderas en la misma puerta y con descaro y desvergüenza se adormilan sin respeto alguno a los dueños del castillo.
Tapafuegos fue informado enseguida de la insólita presencia de que tres individuos que tenían aspecto de vagabundos, estaban dormitando en la puerta y no dejaban pasar a nadie.
Nuestros tres héroes, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, al llegar, se sentaron en el mismo dintel, para despejarse un poco de la mucha fatiga de la empinada subida hasta el enorme portón.
Los vigilantes de la fortaleza, que eran unos seres que tenían una vida nocturna y a la claridad del día le hacían verdaderos ascos, a duras penas vieron a los tres personajes, de un aspecto variopinto y algo destartalados en sus maneras de vestir, que sientan sus posaderas en la misma puerta y con descaro y desvergüenza se adormilan sin respeto alguno a los dueños del castillo.
La fatiga de una larga escalada les hacía pararse de continuo, para poder respirar y reponerse hasta que después del largo día de empinada subida, llegan a las puertas de la enorme fortaleza en donde habita de tiempos inmemoriales el malvado Tapafuegos.
El protector de dragones y de malvadas brujas y de otros ogros de menor cuantía, que pululaban entre los hombres como anda Pedro por su casa.
Nuestros tres héroes, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, al llegar, se sentaron en el mismo dintel, para despejarse un poco de la mucha fatiga de la empinada subida hasta el enorme portón.
Capitulo 13
La noche estaba avanzada cuando nuestros amigos levantando la mirada hacía las estrellas, vieron que centelleaban, como queriendo animarles el camino lleno de peligros que habían escogido hasta lo más alto de una montaña que tenía la cresta totalmente cubierta de nieve.
La fatiga de una larga escalada les hacía pararse de continuo, para poder respirar y reponerse hasta que después del largo día de empinada subida, llegan a las puertas de la enorme fortaleza en donde habita de tiempos inmemoriales el malvado Tapafuegos.
El protector de dragones y de malvadas brujas y de otros ogros de menor cuantía, que pululaban entre los hombres como anda Pedro por su casa.
-El amo del dragón, que se llama Tapafuegos, está trabajando y comiendo, en otra aldea parecida a la vuestra y solamente se doblegará si él bien quiere con vuestra plata y oro.
La avaricia, acariciaba el viciado aire del salón de la posada, dejando el ambiente apestosamente mal, por el fétido olor de la miseria humana.
Capitulo 13
La noche estaba avanzada cuando nuestros amigos levantando la mirada hacía las estrellas, vieron que centelleaban, como queriendo animarles el camino lleno de peligros que habían escogido hasta lo más alto de una montaña que tenía la cresta totalmente cubierta de nieve.
-Dos semanas nos bastarán para buscar al dragón y hacer con él un trato intermedio entre vivir y morir en los años venideros. Pero necesitaremos mucho oro para poder negociar esta industria con el dueño del dragón, porque nosotros sabemos que tiene un malvado dueño, que deseará para negociar la vida o la muerte, todo el oro y la plata que poseáis en la aldea de templanza.
-El amo del dragón, que se llama Tapafuegos, está trabajando y comiendo, en otra aldea parecida a la vuestra y solamente se doblegará si él bien quiere con vuestra plata y oro.
La avaricia, acariciaba el viciado aire del salón de la posada, dejando el ambiente apestosamente mal, por el fétido olor de la miseria humana.
Rascahuertos más animado pidió la palabra y dijo:
-Como el tiempo humano, no cuenta para nosotros, ni cuenta para vosotros, sólo os pediremos tiempo.
-Dos semanas nos bastarán para buscar al dragón y hacer con él un trato intermedio entre vivir y morir en los años venideros. Pero necesitaremos mucho oro para poder negociar esta industria con el dueño del dragón, porque nosotros sabemos que tiene un malvado dueño, que deseará para negociar la vida o la muerte, todo el oro y la plata que poseáis en la aldea de templanza.
Un murmullo de asentimiento general, se escucho en el salón de la posada, lo que animó a nuestros amigos a coger las riendas para solucionar ese feo asunto que el pueblo les planteaba.
Rascahuertos más animado pidió la palabra y dijo:
-Como el tiempo humano, no cuenta para nosotros, ni cuenta para vosotros, sólo os pediremos tiempo.
-Tenemos que rogar de nuevo, que nos presten su ayuda nuestros buenos benefactores, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, porque ellos han sido los que salvaron al pueblo de la tiranía del dragón y nos han ayudado siempre habitando con nosotros en Templanza. Ellos solos pueden, con su inmortal cuerpo orgánico, sacarnos del atolladero en el cual nos hemos metido, por creer que éramos dioses del Universo. Les pedimos que dialoguen con la bestia para poder llegar a un acuerdo que sea lo bastante ... (ver texto completo)
Un murmullo de asentimiento general, se escucho en el salón de la posada, lo que animó a nuestros amigos a coger las riendas para solucionar ese feo asunto que el pueblo les planteaba.
La sorpresa fue general en el vetusto concilio de la aldea de Templanza.
El Alcalde tomó la palabra:
- ¡Vecinos!
-El haber empatado la votación, no quiere decir que nos guste la forma que tenemos de vivir actual y menos nos gustaría dejar de existir llamando a la puerta de la muerte, nuestras ansias de morir o de vivir, no tienen nada que ver con la precariedad de nuestro aspecto que cada día que pasa se deteriora más y más.
-Tenemos que rogar de nuevo, que nos presten su ayuda nuestros buenos benefactores, Rascahuertos, Chupahuesos y Tuercebotas, porque ellos han sido los que salvaron al pueblo de la tiranía del dragón y nos han ayudado siempre habitando con nosotros en Templanza. Ellos solos pueden, con su inmortal cuerpo orgánico, sacarnos del atolladero en el cual nos hemos metido, por creer que éramos dioses del Universo. Les pedimos que dialoguen con la bestia para poder llegar a un acuerdo que sea lo bastante ... (ver texto completo)
Chupahuesos ayudado por Tuercebotas comienzan a contar las bolas según iban sacándolas de la urna y la suerte comenzaba de esta guisa:
1ª.- Blanca.
1ª.- Negra.
2ª.- Negra.
3ª.- Negra.
2ª.- Blanca.
3ª.- Blanca.
4ª.- Negra.
4ª.- Blanca.
5ª.- Blanca. ... (ver texto completo)
La sorpresa fue general en el vetusto concilio de la aldea de Templanza.
El Alcalde tomó la palabra:
- ¡Vecinos!
-El haber empatado la votación, no quiere decir que nos guste la forma que tenemos de vivir actual y menos nos gustaría dejar de existir llamando a la puerta de la muerte, nuestras ansias de morir o de vivir, no tienen nada que ver con la precariedad de nuestro aspecto que cada día que pasa se deteriora más y más.
- ¡Tenéis el destino de todos en vuestras manos!
-Ahora contaremos las bolas y lo que salga será el destino final de Templanza.
-Nosotros os devolveremos al dragón si votáis con la bola negra y si es blanco el resultado, seguiréis como estáis y nosotros tres, que os hemos ayudado desinteresadamente, abandonaremos el pueblo y la región para siempre, salga el resultado que sea.
Chupahuesos ayudado por Tuercebotas comienzan a contar las bolas según iban sacándolas de la urna y la suerte comenzaba de esta guisa:
1ª.- Blanca.
1ª.- Negra.
2ª.- Negra.
3ª.- Negra.
2ª.- Blanca.
3ª.- Blanca.
4ª.- Negra.
4ª.- Blanca.
5ª.- Blanca.
6ª.- Blanca.
7ª.- Blanca.
5ª.- Negra.
6ª.- Negra.
8ª.- Blanca.
7ª.- Negra.
9ª.- Blanca.
10ª.- Blanca.
11.- Blanca.
8ª.- Negra.
9ª.- Negra.
12ª.- Blanca.
10ª.- Negra.
11ª.- Negra.
12ª.- Negra.
13ª.- Negra.
14ª.- Negra.
13ª.- Blanca.
14ª.- Blanca.
15ª.- Negra.
15ª.- Blanca.
Total del recuento, 30 bolas, por 30 habitantes.
15 Blancas y 15 Negras.
Resultado final, empate a 15. ... (ver texto completo)
Una vez finalizada la votación, el amigo retornó a la mesa principal para realizar el recuento final de las bolas.
La urna fue abierta por Chupahuesos, delante del Alcalde y de los vecinos, que miraban temerosos al amigo vagabundo, como desconfiando del recto proceder en el recuento.
Rascahuertos se dio enseguida cuenta de la maldad de esta gente y se levantando enojado y de repente les dijo muy enfadado:
- ¡Tenéis el destino de todos en vuestras manos!
-Ahora contaremos las bolas y lo que salga será el destino final de Templanza.
-Nosotros os devolveremos al dragón si votáis con la bola negra y si es blanco el resultado, seguiréis como estáis y nosotros tres, que os hemos ayudado desinteresadamente, abandonaremos el pueblo y la región para siempre, salga el resultado que sea.
-El que meta una bola blanca, es que desea vivir.
-El que meta una bola negra, es que desea morir.
Tuercebotas, que hacía de escribiente, se encargó de pasar la urna por los vecinos de Templanza.
Una vez finalizada la votación, el amigo retornó a la mesa principal para realizar el recuento final de las bolas.
La urna fue abierta por Chupahuesos, delante del Alcalde y de los vecinos, que miraban temerosos al amigo vagabundo, como desconfiando del recto proceder en el recuento.
Rascahuertos se dio enseguida cuenta de la maldad de esta gente y se levantando enojado y de repente les dijo muy enfadado:
-Comprendo que los más ancianos no puedan vivir en las condiciones actuales y para poder dilucidar el asunto de una vez por todas, yo propongo que se haga una votación secreta para determinar quien es el que desea vivir y los que desean dejar el mundo.
Como todos se habían puesto de acuerdo para esta votación, el alguacil a la orden del Alcalde dispuso de inmediato la urna y repartió a cada vecino una bola blanca y otra negra, diciendo:
-El que meta una bola blanca, es que desea vivir.
-El que meta una bola negra, es que desea morir.
Tuercebotas, que hacía de escribiente, se encargó de pasar la urna por los vecinos de Templanza.
- ¡Alcalde!
-Ancianos vecinos y amigos, las posibilidades de morir que los más ancianos desean para descansar de ese calamitoso y esquelético cuerpo que tienen, es razonable para ellos. Pero yo y otros ciudadanos que aún tenemos cincuenta o muy pocos años más, deseamos seguir como estamos. Por lo tanto yó me opongo a que vuelva el dragón de las siete cabezas y finalice la inmortalidad que nos concedió.
-Comprendo que los más ancianos no puedan vivir en las condiciones actuales y para poder dilucidar el asunto de una vez por todas, yo propongo que se haga una votación secreta para determinar quien es el que desea vivir y los que desean dejar el mundo.
Como todos se habían puesto de acuerdo para esta votación, el alguacil a la orden del Alcalde dispuso de inmediato la urna y repartió a cada vecino una bola blanca y otra negra, diciendo:
Después de un rato de silencio y cuando todos los presentes se inquietaban alzó la mano el más joven varón del pueblo, que rondaba los cincuenta años y empezó diciendo lo siguiente:
- ¡Alcalde!
-Ancianos vecinos y amigos, las posibilidades de morir que los más ancianos desean para descansar de ese calamitoso y esquelético cuerpo que tienen, es razonable para ellos. Pero yo y otros ciudadanos que aún tenemos cincuenta o muy pocos años más, deseamos seguir como estamos. Por lo tanto yó me opongo a que vuelva el dragón de las siete cabezas y finalice la inmortalidad que nos concedió.
Los habitantes del pueblo se miraron los unos a los otros, como esperando que el vecino que tenía al lado dijera algo, pero ninguno se atrevió a hablar.
Después de un rato de silencio y cuando todos los presentes se inquietaban alzó la mano el más joven varón del pueblo, que rondaba los cincuenta años y empezó diciendo lo siguiente:
-Pero antes quiero la opinión de todos los vecinos y el que tenga algo que decir que levante la mano y hable.
Los habitantes del pueblo se miraron los unos a los otros, como esperando que el vecino que tenía al lado dijera algo, pero ninguno se atrevió a hablar.
-Pero como esa extraordinaria condición de la vida cómoda no se puede comer ha llegado el momento de tomar la decisión, que os liberara de la falta de muerte que ahora tenéis.
-Pero antes quiero la opinión de todos los vecinos y el que tenga algo que decir que levante la mano y hable.
-Pero al mismo tiempo que todos habéis disfrutado de prosperidad y de bienestar cuando habéis estado en forma, después habéis ocultado que os faltaba la descendencia, para poder continuar los trabajos y la labor de sembrar para comer.
-Pero como esa extraordinaria condición de la vida cómoda no se puede comer ha llegado el momento de tomar la decisión, que os liberara de la falta de muerte que ahora tenéis.
- ¡Vecinos de Templanza!
-Al ser maldito que metimos en nuestros zurrones en dos mitades para que no pudiese reunirse jamás en su mágica existencia, le concedisteis el perdón a cambio de que todos los ciudadanos de la aldea de Templanza viviesen eternamente y esa decisión ha influido en todas vuestras vidas desde que esta maldita bestia se marcho del pueblo.
-Pero al mismo tiempo que todos habéis disfrutado de prosperidad y de bienestar cuando habéis estado en forma, después habéis ocultado que os faltaba la descendencia, para poder continuar los trabajos y la labor de sembrar para comer.
Un clamor general de aprobación y desencanto se escuchó en la sala sin mucha intensidad debido a la vejez de los ciudadanos de Templanza.
La voz del amigo Rascahuertos platicaba sonadora y potente, repartiendo los ecos de sus palabras por el amplio salón de paredes de piedra de sillería.
- ¡Vecinos de Templanza!
-Al ser maldito que metimos en nuestros zurrones en dos mitades para que no pudiese reunirse jamás en su mágica existencia, le concedisteis el perdón a cambio de que todos los ciudadanos de la aldea de Templanza viviesen eternamente y esa decisión ha influido en todas vuestras vidas desde que esta maldita bestia se marcho del pueblo.
-Los patrones Rascahuertos, Chupahuesos y Tuer-cebotas, nos proponen para dar la solución final, al gravísimo problema, de existir eternamente con un cuerpo orgánico que se deteriora aunque no muera; que debíamos de volvernos a la situación anterior, cuando ellos tenían cautivo y partido por la mitad al dragón de las siete cabezas que nos atormentaba la existencia anteriormente y nos arrebató la vida y la comida, sin piedad alguna para nosotros, ni para nuestros hijos.
Un clamor general de aprobación y desencanto se escuchó en la sala sin mucha intensidad debido a la vejez de los ciudadanos de Templanza.
La voz del amigo Rascahuertos platicaba sonadora y potente, repartiendo los ecos de sus palabras por el amplio salón de paredes de piedra de sillería.
- ¡Ciudadanos de Templanza!
- ¡Amigos y estimados vecinos!
-La actual situación, en la que todos los habitantes de la aldea nos hallamos, es tan seria, que tenemos que tomar una decisión que sea aprobada por una mayoría absoluta de todos los vecinos presentes en esta sala.
-Los patrones Rascahuertos, Chupahuesos y Tuer-cebotas, nos proponen para dar la solución final, al gravísimo problema, de existir eternamente con un cuerpo orgánico que se deteriora aunque no muera; que debíamos de volvernos a la situación anterior, cuando ellos tenían cautivo y partido por la mitad al dragón de las siete cabezas que nos atormentaba la existencia anteriormente y nos arrebató la vida y la comida, sin piedad alguna para nosotros, ni para nuestros hijos.
Rascahuertos, chupahuesos, Tuercebotas y el señor Alcalde de Templanza, presidían la urgente sesión.
El Alcalde se alza del asiento muy despacio, por la decrepita flojedad que su esquelético cuerpo tenía, porque a duras penas se tenía en pie; les dijo a sus vecinos:
- ¡Ciudadanos de Templanza!
- ¡Amigos y estimados vecinos!
-La actual situación, en la que todos los habitantes de la aldea nos hallamos, es tan seria, que tenemos que tomar una decisión que sea aprobada por una mayoría absoluta de todos los vecinos presentes en esta sala.
Penosamente y con extraordinarias dificultades, el pueblo lograba al final reunirse en la posada, todos los habitantes, ya sean los vetustos esqueletos, que no podían ni andar y los otros ochentones, que aún realizaban labores sociales y económicas, estaban reunidos en el amplio salón.
Rascahuertos, chupahuesos, Tuercebotas y el señor Alcalde de Templanza, presidían la urgente sesión.
El Alcalde se alza del asiento muy despacio, por la decrepita flojedad que su esquelético cuerpo tenía, porque a duras penas se tenía en pie; les dijo a sus vecinos: