Mensajes enviados por Críspulo Cortés Cortés:
A la mal casada mirarle la cara.
A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.
A la mejor dama se le escapa un pedo.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
A la mejor cocinera, se le ajuma la olla.
A la mejor cocinera, se le va un tomate entero.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
A la mejor cocinera, se le ahuma la olla.
A la
mar madera, y huesos a la tierra.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
Al
amanecer resbalos, y al
anochecer charquies.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
A la mañana puro y a la tarde sin
agua.
A la mañana los
montes, y a la tarde las fontes.
A la luz de la candela, toda rústica parece bella.
A la mañana el blanco y el tinto al sereno.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
A la mal casada mirarle la cara.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
A la mal casada, miradla a la cara.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
A la mala
costumbre, quebrarle la pierna.
A la luz de la vela, no hay mujer fea.
A la madrina, tras la
puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
- Ninguna palabra rima con indio.
A la luz de la candela, toda rústica parece bella.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
A la leche, nada le eches; y debajo aunque sea cascajo.
A la luz de la vela, no hay mujer fea.
Al alba de puerco, que da el sol a medio cuerpo.
A la mala
costumbre córtale las piernas para que no avance.
A la hija mala, dineros y casarla.
- Ninguna palabra rima con indio.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
A la madrastra, el nombre le basta.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
A la luna, el lobo al asno espulga.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile se prende.
A la gallina no les pesan sus plumas.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
Al albéitar, no le duele la carne de la bestia.
A la lengua y la serpiente hay que temerles.
A la larga y la corta la mentira se descubre
A la leche, nada le eches; y debajo aunque sea cascajo.
Al alba de puerco, que da el sol a medio cuerpo.
Al alba de la duquesa, que da el sol a media pierna.
A la hija mala, dineros y casarla.
A la larga, todo se sabe.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: Si yo quisiera.
A la larga, lo más dulce amarga.
A la hija casada sálennos yernos.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el
agua.
A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.
A la gallina no les pesan sus plumas.
Al albéitar, no le duele la carne de la bestia.
A la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
A la larga y la corta la mentira se descubre
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
Al alba de la duquesa, que da el sol a media pierna.
A la hora mala, no ladran los canes.
A la larga, todo se sabe.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
A la larga, todo se arregla.
A la hija de tu vecino, límpiale el moco y cásala con tu hijo.
A la
iglesia por devoción, y a la guerra por necesidad.
A la hija muda, su madre la entiende.
A la larga, lo más dulce amarga.
Al agua corriente y al cristal, no se le pega na.
A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.
A la gorra, ni quien le corra.
A la
iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco.
la garganta del perro, échale un hueso si le quieres amansar presto.
A la hora de la quema se verá el humo.
A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.
A la
iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
A la gallina no le pesan sus plumas.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
A la gallina no le pesan sus plumas.
A la guerra, con la guerra.