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Emperadores Romanos

SE EXTIENDEN LAS FRONTERAS DEL IMPERIO
La muerte de Calígula fue seguida de una cierta agitación: el Senado y el pueblo, aterrorizados por las atrocidades cometidas por Calígula, se manifestaron propensos a restablecer la república. Mas los pretorianos, que desde hacía tiempo habían asumido en Roma un poder decisivo, querían continuar con el sistema del poder unipersonal instituido por Augusto, y nombraron un nuevo emperador. Fue’ designado Claudio, tío de Calígula. El Senado, privado de todo poder desde hacía algunas décadas, y el pueblo, carente de toda influencia desde mucho antes, no tuvieron otra alternativa que aceptar la designación.

Ascendido al poder cuando contaba casi cincuenta años de edad, Claudio fue un hombre juicioso y justo. Convencido de que solamente el sistema de gobierno practicado por Augusto podría dar paz y bienestar al Imperio, se preocupó por restablecer el prestigio del Senado y colaboró con él. Como Tiberio, fue un excelente administrador; en poco tiempo logró reordenar las finanzas, contrarrestando un tanto los estragos ocasionados por el breve gobierno de Calígula.

El pueblo romano llegó a creer que habían retornado los buenos tiempos de Augusto. El nombre de Claudio se halla ligado a una gran empresa militar: la conquista de casi toda la isla de Gran Bretaña, incluyendo los territorios de la actual Inglaterra y el país de Gales. Las tropas romanas vencieron a los britanos en una batalla, en el año 43. Quedó así cumplido, casi un siglo más tarde, el proyecto de Julio César.

Otra importante acción militar fue la llevada a cabo en África, mediante la cual se conquistó el territorio de Mauritania. Ésta y Britania pasaron a la categoría de provincias (colonias) romanas.

IMPONENTES OBRAS PÚBLICAS
A Claudio se debe también la realización de notables obras públicas. Además de la construcción de un grandioso acueducto el acueducto de Claudio, del cual quedan en pie aun en nuestros días muchos de sus arcos), llevó a cabo otras dos de relieve gigantesco: el desecamiento parcial del lago Fucino y un nuevo puerto cercano al de Ostia, cerca de Roma, que se había vuelto insuficiente para llenar las necesidades de la ciudad.

UN EMPERADOR MALVADO
Cuando en el año 54 murió Claudio, asesinado por su esposa, Agripina, le sucedió en el cargo su hijastro Lucio Dominicio Nerón, hijo del patricio Cneo Domicio Enobarbo y de su esposa Agripina, segunda esposa de Claudio. El nuevo emperador, ascendido al poder a los 17 años, gracias a las intrigas de su madre, Agripina, comenzó su gobierno procurando imitar la tolerancia y respeto hacia los tradicionales poderes romanos, principalmente el Senado, tal como lo hicieran Augusto y el mismo Claudio.

Muy pronto, sin embargo, embriagado por el poder absoluto de que se hallaba investido, comenzó Nerón a manifestar una terrible crueldad. Baste decir que llegó al punto de mandar asesinar a su propia madre, no bien ella apareció vinculada a una conspiración. Carente de limitaciones para sus caprichos cometía crímenes por motivos asaz ridículos. Vespasiano, que habría de sucederle pocos años después, estuvo a punto de perder la vida por haberse dormido en un banquete, mientras Nerón cantaba. Convencido de ser un gran poeta, músico y luchador, restableció los juegos olímpicos de Grecia, adonde concurrió para volver cargado con todas las coronas olímpicas.

El gobierno le interesaba poco, pero despilfarraba sumas enormes en espectáculos públicos. El pueblo, a pesar de tales fiestas, no lo quería; en verdad, Nerón había comenzado a simbolizar todo cuanto había de odioso e infame en la sociedad imperial creada por el mismo Augusto, y que ahora se ponía de manifiesto con terrible claridad.

Así, cuando en el año 64 un violento incendio devastó los barrios más pobres de Roma, el pueblo dio crédito, con facilidad, a las versiones que atribuían a Nerón la culpabilidad del siniestro. Las versiones, hechas circular sin duda por sus enemigos políticos, pretendían que Nerón había ordenado el incendio para inspirarse, y que había contemplado las llamas tocando la lira… Sea o no verdad tal imputación, Nerón no vaciló en arrojar, a su vez, la culpa sobre los cristianos. En una tentativa fútil por mostrarse inquieto por el interés público, y pretextando defenderlo con el castigo de los culpables del incendio, ordenó una feroz persecución de los cristianos, a los cuales exterminó por millares.

La guardia pretoriana, que consideraba desde hacía algún tiempo la oportunidad de tomar el poder de manos de este gobernante desorbitado, y el mismo Senado, envilecido desde décadas atrás, estimaban oportuno el momento para librarse del emperador. Los senadores, sintiéndose alentados por la participación de jefes pretorianos en la conjura, llegaron hasta a sublevarse, por considerar a Nerón como un enemigo del Estado, y votaron su condena a muerte. Galba, gobernador de España, se levantó en armas contra Nerón. Éste, espantado, trató de huir hasta que, cercado, se hizo matar por un esclavo.

Los cristianos, víctimas de su persecución, lo juzgaron sencillamente el Anticristo. Se cuenta que en momentos en que el esclavo estaba por herirlo, Nerón exclamó: “ ¡Qué gran artista pierde el mundo!”. Era el año 68 de nuestra era. A sólo 54 años de la muerte de Augusto, la indignidad de los gobernantes amenazaba llevar al inmediato derrumbe del Imperio Romano.

PARA SABER MAS….

EN EL 27 a. C. Octavio (63 a. C.-14 dC.) se convierte en Augusto, el primer emperador romano. Augusto, que gobernó el imperio durante 40 años, compartió el gobierno con el Senado (un grupo de oficiales que gobernaban Roma) y convirtió el ejército en una fuerza profesional. Bajo su mandato los romanos gozaron de una época de paz y prosperidad. Augusto también se cuidó de proteger la figura del emperador, para ello formó un grupo de guardaespaldas imperiales muy bien pagados que eran conocidos como la guardia pretoriana.

CALÍGULA
Los primeros emperadores romanos eran miembros de la familia de Augusto. Cayo César (12-41 d. C.), conocido como Calígula (diminutivo de “sandalia militar”), se convirtió en emperador en el año 37 d. C. Los soldados del ejército que mandaba su padre le apodaron así por las pequeñas sandalias de soldado que llevaba cuando era niño.