Se armó la gorda: La Revolución Unionista de 1868, a causa de la cual la reina Isabel II se vio forzada a abandonar el poder, vino precedida de un insistente rumor callejero, en el que utilizando la muy castiza expresión de la Gorda, se proclamaba a los cuatro vientos la inevitabilidad de los acontecimientos. Es decir, la gente aludía a la Gorda como un hecho consumado, como una cosa ya hecha: la Gorda ya está en camino... se va armar la Gorda... hasta que, finalmente, en septiembre de ese año, verdaderamente, se armó la Gorda con el pronunciamiento militar del marino Juan Bautista Topete y Carballo en Cádiz y de Primo de Rivera en Madrid. Históricamente, el hecho tomó el ostentoso nombre de La Gloriosa, pero su duración fue efímera; no así el castizo alias que el pueblo le adjudicó: La Gorda, expresión que luego extendió su uso al lenguaje familiar, cuando alguien quiere referirse a cierto hecho ruidoso o de mucha trascendencia, o bien ante una situación de extrema gravedad.
Sembrar cizaña: Causar malestar con comentarios que pretenden enfrentar a dos o más personas. La comparación proviene de la parábola incluida en el Evangelio que habla de la cizaña, que es una planta nociva.
Ser carne y uña (to be hand and glove): Habla de la verdadera amistad, de la estrecha unión entre dos personas, a la manera de las uñas unidas a la carne de los dedos. Circulan las formas vulgares ser camisa y calzoncillo y ser culo y calzoncillo, debido a la proximidad de esa prenda con la camisa y con las nalgas.
Ser de armas tomar. Ser belicoso, peleador.
Ser de pocas pulgas: Tener mal carácter, no soportar nada que lo incomode. La expresión surge de la idea de que nadie se aguanta la presencia de pulgas en su cuerpo por pocas que sean.
Ser de tiros largos: En la España antigua, cada quien era libre de colocar en su coche la cantidad de caballos que quisiera, pero en cambio, solamente el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, para lo cual, lo alargaban por medio de extensas correas y hubo una época en que eran tantos los alargamientos que los tirantes llegaron a medir cuatro o cinco varas (casi cuatro metros y medio). A esta clase de arreo se le llamaba tiros largos y el modismo pasó -por extensión- al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional lujoso. Entre nosotros, por una deformación posterior, la expresión ser de tiros largos se aplica en el caso de las personas que soportan sin objeción largas esperas, viajes interminables o bien, se mantienen despiertos hasta horas muy avanzadas.
Ser el caballito de batalla: Ser aquello en que se destaca el que practica una actividad o ejerce una habilidad manual o artística y, por eso, lo exhibe con mucha frecuencia. La frase procede de la Antigüedad, en la que guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, al caballo más fuerte y seguro.
Ser el chivo expiatorio: Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos, por la que el Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco para la celebración del Día de la Expiación ("purificación de las culpas por medio de un sacrificio") elegía dos machos cabríos, echaba a suerte el sacrificio de uno, en nombre del pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza del animal elegido -llamado el Azazel- al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo israelita. Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo por un acólito y abandonado a su suerte, en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. Por extensión, la expresión ser el chivo expiatorio adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta.
Ser el último orejón del tarro: Sentirse postergado, sin que nadie repare en uno. El orejón -un trozo de durazno u otra fruta desecada- solía guardarse en tarros de boca estrecha, por lo que el último que quedaba era difícil de sacar con las manos.
Ser Gardel, Lepera y los guitarristas: Ser el mejor en una actividad, destacarse. Originariamente, se decía de alguien que «era Gardel» por su máxima capacidad para una determinada actividad. Con el tiempo, para perfeccionar el alcance de la expresión, se agregó al co-autor del Zorzal y a sus acompañantes en guitarra.
Ser la piel de Judas (o del Diablo): Ser una persona muy traviesa, inquieta. Curiosamente, la comparación con Judas o el Diablo surge porque son dos exponentes máximos de la maldad, aunque suele llamarse «piel de...» a los niños traviesos, pero no a las personas visceralmente malas.
Ser más bueno que el pan (o el puré o el Quaker): Son todas frases válidas para calificar a la persona que se caracteriza por su bondad, que no tiene maldad ni sería capaz de dañar a nadie, en comparación con el pan, alimento básico del hombre o el puré, que se da preferentemente a los bebés para favorecer su crecimiento. Respecto del Quaker, es otro alimento imprescindible en la dieta alimentaria de los más pequeños. Entre nosotros, y con el mismo valor circula la variante es más bueno que Lassie... atada, en alusión a la popular perra Collie, protagonista de una serie de TV y de varios largometrajes, famosa por su mansedumbre.
Ser más papista que el Papa: Originariamente, el dicho era ser más católico que el Papa, con lo que se daba a entender que alguien pretendía superar a todos en el cumplimiento de una ley, mandato, orden o edicto, actuando con mayor celo que si fuese el propio encargado de hacer cumplir la orden.
Ser más el ruido que las nueces: No es muy segura la procedencia de este modismo, aunque circula por España una anécdota que podría explicar el origen del dicho. Según cuenta el conde de Clonard, en 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad de Amiens merced a una treta urdida por el capitán Hernán Tello de Portocarrero, que vistió de labradores a dieciséis de sus soldados que hablaban muy bien en francés. Estos hombres penetraron en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Apenas entraron en la ciudad, uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, lo que movió a los soldados franceses a recoger las nueces del piso. Esta situación permitió a los españoles que sacaran sus armas de la carreta de heno y así reducir a las tropas locales para permitir el ingreso de una columna invasora. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza, pero la astucia de la estratagema habrían dado origen al dicho ser más el ruido que las nueces. Con el correr del tiempo, la frase pasó a ser parte del uso popular, como manifestación de exagerada demostración de un hecho que no tiene tanta trascendencia.
Ser moneda corriente: Estar una cosa admitida y no sorprender a nadie, ser común, como sucede con la moneda de curso legal que todos conocen y nadie duda de su vigencia.
Ser o no ser: Celebérrima frase de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, tomada luego universalmente para indicar la presencia de una duda de gran peso. La expresión se completa con las palabras esa es la pregunta (that is the question). Ser palabras mayores: Ser algo de una importancia mayor de lo corriente. Antiguamente, se consideraban "palabras mayores" a las ofensas e injurias, cuya pronunciación pública daba lugar a procesos judiciales.
Ser pan comido: Significa que una cosa resulta demasiado fácil, sin complicaciones, tan sencillo como el hecho de haber comido pan. La versión en inglés contiene la variante ser un pedazo de torta y tiene el mismo valor que la de nuestro idioma.
Ser pura espuma: Aparentar más de lo que uno es. La comparación surge de algunas bebidas -como la cerveza- cuya espuma llega rápidamente al borde de la copa, pero el verdadero líquido no alcanza la mitad del recipiente.
Ser sapo de otro pozo: Pertenecer a otro lugar.
Ser un as: En nuestros tiempos, equivale a ser considerado el número uno en su profesión o actividad, en alusión al "as" de la baraja, pero antiguamente se utilizaba como insulto, pues se la interpretaba como sílaba inicial de la palabra asno. Posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, a causa de las acciones heroicas de los aviadores, se terminó de consolidar el sentido actual del vocablo.
Ser un bodrio: Alude a algo pesado, insulso, aburrido, según de lo que se trate y procede del término latino bodrio, equivalente de "caldo", hecho con sobras de sopas, mendrugos, verduras y legumbres.
Sembrar cizaña: Causar malestar con comentarios que pretenden enfrentar a dos o más personas. La comparación proviene de la parábola incluida en el Evangelio que habla de la cizaña, que es una planta nociva.
Ser carne y uña (to be hand and glove): Habla de la verdadera amistad, de la estrecha unión entre dos personas, a la manera de las uñas unidas a la carne de los dedos. Circulan las formas vulgares ser camisa y calzoncillo y ser culo y calzoncillo, debido a la proximidad de esa prenda con la camisa y con las nalgas.
Ser de armas tomar. Ser belicoso, peleador.
Ser de pocas pulgas: Tener mal carácter, no soportar nada que lo incomode. La expresión surge de la idea de que nadie se aguanta la presencia de pulgas en su cuerpo por pocas que sean.
Ser de tiros largos: En la España antigua, cada quien era libre de colocar en su coche la cantidad de caballos que quisiera, pero en cambio, solamente el rey y algunos dignatarios de la Corte tenían derecho a colocar el tiro delantero a mayor distancia que los traseros, para lo cual, lo alargaban por medio de extensas correas y hubo una época en que eran tantos los alargamientos que los tirantes llegaron a medir cuatro o cinco varas (casi cuatro metros y medio). A esta clase de arreo se le llamaba tiros largos y el modismo pasó -por extensión- al lenguaje familiar para designar el vestido de gala o cualquier otro atuendo ocasional lujoso. Entre nosotros, por una deformación posterior, la expresión ser de tiros largos se aplica en el caso de las personas que soportan sin objeción largas esperas, viajes interminables o bien, se mantienen despiertos hasta horas muy avanzadas.
Ser el caballito de batalla: Ser aquello en que se destaca el que practica una actividad o ejerce una habilidad manual o artística y, por eso, lo exhibe con mucha frecuencia. La frase procede de la Antigüedad, en la que guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, al caballo más fuerte y seguro.
Ser el chivo expiatorio: Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos, por la que el Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco para la celebración del Día de la Expiación ("purificación de las culpas por medio de un sacrificio") elegía dos machos cabríos, echaba a suerte el sacrificio de uno, en nombre del pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza del animal elegido -llamado el Azazel- al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo israelita. Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo por un acólito y abandonado a su suerte, en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. Por extensión, la expresión ser el chivo expiatorio adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta.
Ser el último orejón del tarro: Sentirse postergado, sin que nadie repare en uno. El orejón -un trozo de durazno u otra fruta desecada- solía guardarse en tarros de boca estrecha, por lo que el último que quedaba era difícil de sacar con las manos.
Ser Gardel, Lepera y los guitarristas: Ser el mejor en una actividad, destacarse. Originariamente, se decía de alguien que «era Gardel» por su máxima capacidad para una determinada actividad. Con el tiempo, para perfeccionar el alcance de la expresión, se agregó al co-autor del Zorzal y a sus acompañantes en guitarra.
Ser la piel de Judas (o del Diablo): Ser una persona muy traviesa, inquieta. Curiosamente, la comparación con Judas o el Diablo surge porque son dos exponentes máximos de la maldad, aunque suele llamarse «piel de...» a los niños traviesos, pero no a las personas visceralmente malas.
Ser más bueno que el pan (o el puré o el Quaker): Son todas frases válidas para calificar a la persona que se caracteriza por su bondad, que no tiene maldad ni sería capaz de dañar a nadie, en comparación con el pan, alimento básico del hombre o el puré, que se da preferentemente a los bebés para favorecer su crecimiento. Respecto del Quaker, es otro alimento imprescindible en la dieta alimentaria de los más pequeños. Entre nosotros, y con el mismo valor circula la variante es más bueno que Lassie... atada, en alusión a la popular perra Collie, protagonista de una serie de TV y de varios largometrajes, famosa por su mansedumbre.
Ser más papista que el Papa: Originariamente, el dicho era ser más católico que el Papa, con lo que se daba a entender que alguien pretendía superar a todos en el cumplimiento de una ley, mandato, orden o edicto, actuando con mayor celo que si fuese el propio encargado de hacer cumplir la orden.
Ser más el ruido que las nueces: No es muy segura la procedencia de este modismo, aunque circula por España una anécdota que podría explicar el origen del dicho. Según cuenta el conde de Clonard, en 1597 las tropas españolas tomaron la ciudad de Amiens merced a una treta urdida por el capitán Hernán Tello de Portocarrero, que vistió de labradores a dieciséis de sus soldados que hablaban muy bien en francés. Estos hombres penetraron en la ciudad provistos de sacos de nueces, cestos de manzanas y un carro de heno. Apenas entraron en la ciudad, uno de los soldados dejó caer voluntariamente uno de los sacos de nueces, lo que movió a los soldados franceses a recoger las nueces del piso. Esta situación permitió a los españoles que sacaran sus armas de la carreta de heno y así reducir a las tropas locales para permitir el ingreso de una columna invasora. Posteriormente, los franceses recobraron la plaza, pero la astucia de la estratagema habrían dado origen al dicho ser más el ruido que las nueces. Con el correr del tiempo, la frase pasó a ser parte del uso popular, como manifestación de exagerada demostración de un hecho que no tiene tanta trascendencia.
Ser moneda corriente: Estar una cosa admitida y no sorprender a nadie, ser común, como sucede con la moneda de curso legal que todos conocen y nadie duda de su vigencia.
Ser o no ser: Celebérrima frase de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, tomada luego universalmente para indicar la presencia de una duda de gran peso. La expresión se completa con las palabras esa es la pregunta (that is the question). Ser palabras mayores: Ser algo de una importancia mayor de lo corriente. Antiguamente, se consideraban "palabras mayores" a las ofensas e injurias, cuya pronunciación pública daba lugar a procesos judiciales.
Ser pan comido: Significa que una cosa resulta demasiado fácil, sin complicaciones, tan sencillo como el hecho de haber comido pan. La versión en inglés contiene la variante ser un pedazo de torta y tiene el mismo valor que la de nuestro idioma.
Ser pura espuma: Aparentar más de lo que uno es. La comparación surge de algunas bebidas -como la cerveza- cuya espuma llega rápidamente al borde de la copa, pero el verdadero líquido no alcanza la mitad del recipiente.
Ser sapo de otro pozo: Pertenecer a otro lugar.
Ser un as: En nuestros tiempos, equivale a ser considerado el número uno en su profesión o actividad, en alusión al "as" de la baraja, pero antiguamente se utilizaba como insulto, pues se la interpretaba como sílaba inicial de la palabra asno. Posteriormente, durante la Primera Guerra Mundial, a causa de las acciones heroicas de los aviadores, se terminó de consolidar el sentido actual del vocablo.
Ser un bodrio: Alude a algo pesado, insulso, aburrido, según de lo que se trate y procede del término latino bodrio, equivalente de "caldo", hecho con sobras de sopas, mendrugos, verduras y legumbres.