OYON: Ser un cafre: El apelativo cafre se aplica a toda persona...

Ser un cafre: El apelativo cafre se aplica a toda persona o situación que encarna lo opuesto a la civilización y la cultura. En realidad, se llaman cafres a los habitantes de Cafrería o País de los cafres, grupo de pueblos bantúes que habitaba la región oriental de África del Sur, en El Cabo y Natal.

La Cafrería es un nombre de origen árabe con el que los geógrafos de los siglos XVII y XVIII denominaban a la parte de África situada al sur del ecuador poblada por infieles (kafir, en árabe), es decir, no musulmanes. La acepción de la palabra Cafrería se redujo gradualmente, primero a las regiones de lengua bantú, después a la zona marítima que se extiende a lo largo del Océano Índico, desde la colonia de El Cabo hasta las regiones del Zambeze y, finalmente, a zonas reducidas de esta región costera. Éstas son la antigua Cafrería británica o British Kaffaria, anexionada a la colonia de El Cabo en 1863, y la Cafrería propiamente dicha, que hoy coincide con Transkei.

Ser un cero a la izquierda: No tener ningún valor, ser inútil, lo mismo que el cero que se pone a la izquierda de las cifras, por supuesto, sin ninguna coma ni otro signo.

Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría: La tiña era una enfermedad de la piel, muy contagiosa, por eso, se la comparaba con la envidia, debido a la "propagación" de este defecto, padecido por la mayoría de los seres humanos.

Si no puedes vencerlo (s), únete a él (ellos): Consejo para quien no es capaz de derrotar a un circunstancial enemigo, por lo que se le sugiere buscar una alianza con él.

Si te he visto, no me acuerdo: Frase que, a manera de despedida lapidaria, utiliza quien quiere cortar una relación, debido a que no tiene deseos de mantenerla por ningún motivo. La despedida -en estos casos- es terminante y no admite reconsideraciones; de ahí, lo de "... no me acuerdo".

Si sale con barbas... San Antón: Cuenta la tradición que había una vez un pintor aficionado, quien instalado ante el caballete dando forma a un boceto de cuadro, recibió la visita de un inoportuno espectador que le preguntó qué se proponía pintar en ese lienzo. El artista, que indudablemente tenía poca confianza en sus propias dotes, respondió socarronamente: -si sale con barbas, San Antón; si no... la Purísima Concepción. La ocurrencia tuvo una feliz repercusión y así pasó, de la forma proverbial al lenguaje popular, para dar a entender que se acomete una tarea sin muchas pretensiones de triunfo y, sobre todo, con indiferencia acerca del incierto resultado final.

Sin comerla ni beberla: Recibir premio o castigo, sin haber tenido nada que ver con cierto asunto. La relación con la gastronomía alude a alguien que debe pagar por una comida, sin haber ingerido líquido ni sólido.

Sin decir " ¡agua va!": En la Edad Media, el sistema de alcantarillado y la presencia del cuarto de baño en las casas de familia españolas (lo mismo que en las francesas, inglesas, etcétera) no era tan común como en nuestros días; de hecho, para satisfacer las primarias necesidades fisiológicas, las familias de entonces utilizaban bacinillas (comúnmente llamadas hoy "escupideras", porque primitivamente cumplían esa función) dentro de las cuales depositaban sus abluciones. Era algo cotidiano, entonces, que por las mañanas, las señoras de la casa recogiesen estos recipientes y vaciasen su contenido simplemente arrojando desde las ventanas su contenido (en este caso, exclusivamente líquido) a la calle, pero poniendo mucho cuidado de advertir a los posibles transeúntes del peligro inminente, para lo cual exclamaban a viva voz: " ¡Agua va...!". Con el tiempo, y cuando las instalaciones sanitarias progresaron, desapareció la costumbre, pero el dicho permaneció en el uso popular como sinónimo de advertencia. Claro que también surgió la variante sin decir " ¡agua va!", equivalente al actuar sin la precaución de advertir a alguien sobre la acción que uno iba a acometer, muchas veces perjudicando al otro, tal como hubiera obrado una señora de aquellos tiempos que se dispusiera a arrojar el contenido de la bacinilla sin avisar...

Sin pena ni gloria: Expresión utilizada para demostrar el desinterés de una persona por el resultado de una acción o emprendimiento, como si le diera lo mismo tener que sufrir una pena que gozar de la gloria.

Sobre el pucho: Inmediatamente, ipso facto (expresión que algunos transforman en ipso pucho), como cuando alguien arroja el pucho de un cigarrillo para aplastarlo casi de inmediato con la punta del calzado.

Sobre gustos no hay nada escrito: Habla de la diversidad de gustos dentro del género humano. Obsérvese que la versión en inglés dice la comida de un hombre es veneno para otro. También existe la variante en el libro de los gustos, todas las páginas están en blanco.

Sobre llovido, mojado: Se usa esta frase en los momentos en que una persona sufre, sucesivamente, varias desgracias o males materiales, comparando esa sucesión con la seguidilla de lluvias sobre un terreno, el que luego es mojado artificialmente.

Soldado que huye, sirve para otra guerra: Es la frase preferida de los que prefieren eludir la responsabilidad antes de enfrentar los problemas. El dicho encierra una realidad incontrastable.

Sólo se vive una vez: Frase que advierte sobre lo efímero de la vida humana, muchas veces usada para justificar que lo que no se hace en cierto momento de la vida, jamás se podrá repetir. Una de las películas del célebre agente 007 James Bond -Sólo se vive "dos veces" (You only live twice)- parafrasea este proverbio.

Somos todos honrados, pero el poncho no aparece: Expresión que se usa en los casos en que, dentro de un grupo, se ha cometido alguna ilicitud y todos claman por su inocencia, como si nadie pudiera ser responsable del delito o error cometido.

Son las doce... y el pescado sin vender: Es una frase que sirve para ilustrar un momento de inacción, cuando lo que se necesita es resolver prácticamente los problemas antes de que avancen las horas. Antiguamente, el pescadero -vendedor de pescados- tenía su mercadería desde la mañana temprano y con el correr de las horas, los peces se iban deteriorando, por eso, si a las doce del mediodía no se habían vendido, el vendedor comenzaba a preocuparse. Hoy en día, merced a los modernos sistemas de refrigeración, eso no sucede, pero la frase conserva su vigencia.